En el Londres victoriano de finales del siglo XIX, Miranda Ellis oculta bajo una gorra de pilluelo y ropa de muchacho un don de fuego que cree responsable de la ruina de su familia.
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En el Londres victoriano de finales del siglo XIX, Miranda Ellis oculta bajo una gorra de pilluelo y ropa de muchacho un don de fuego que cree responsable de la ruina de su familia. Cuando su padre, arruinado hasta el último penique, la entrega en matrimonio a lord Benjamin Archer —un noble al que la ciudad entera teme y que jamás muestra el rostro—, la joven descubre que su esposo enmascarado arrastra una maldición, un pasado de sociedades secretas y una ternura que nadie sospecha. Y que alguien ha empezado a matar.
Una noche de niebla de 1878, un hombre embozado salta el muro de un jardín londinense con la intención de matar. Lo detiene el chasquido de dos espadas: dos jóvenes practican esgrima a escondidas y el más menudo —gorra calada, piernas de palillo, lengua afilada— resulta no ser un muchacho. Cuando la melena cobriza cae y la joven le clava un cuchillo en las costillas para registrarlo, el intruso cambia de plan: en vez de cobrarse la deuda con el padre de ella, negociará. Aquel encuentro, cerrado con un trueque y una moneda de oro del West Moon Club, decide dos destinos.
Tres años después, Miranda Ellis sobrevive robando joyas a dependientes a los que seduce con un gesto ensayado y a los que compadece en secreto. La fortuna de su padre, un naviero venido a menos, se hundió en el incendio de su almacén: un fuego que ella provocó sin querer. El precio de esa culpa es un contrato de matrimonio con lord Benjamin Archer, el aristócrata cuyo carruaje negro hace desmayarse a las señoras respetables y cuyo rostro nadie ha visto bajo la máscara.
El acuerdo, arrancado por coacción pero firmado por voluntad propia —la única cláusula que lo hace válido—, la instala en una casa llena de puertas cerradas. Archer es cortés, culto, brutalmente solitario, y está atado a algo que no puede nombrar. Miranda, que ha aprendido a no temer a nadie, empieza a leer los silencios de su marido y a reconocer, bajo el terror que inspira, a un hombre que solo quiere ser visto. La atracción crece a fuego lento, entre duelos verbales, ironía e intimidad inesperada.
Entonces aparecen los primeros cadáveres y todos los indicios apuntan a Archer. Para salvarlo, Miranda deberá remontar el pasado de su esposo —un club de hombres, un remedio robado, una ambición que salió mal— y aceptar por fin el poder que lleva dentro, aunque el siguiente cuerpo pueda ser el suyo.
Romance histórico de ambientación victoriana, con misterio criminal, magia oscura y una heroína dispuesta a arder por el hombre al que ama.