Ella Dawson, de diecinueve años, consigue por fin el puesto que soñaba en una prestigiosa editorial de Buenos Aires. El mismo día conoce a dos jóvenes que la desconciertan: uno atento y encantador, otro burlón e insoportable.
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Ella Dawson, de diecinueve años, consigue por fin el puesto que soñaba en una prestigiosa editorial de Buenos Aires. El mismo día conoce a dos jóvenes que la desconciertan: uno atento y encantador, otro burlón e insoportable. Lo que no sabe todavía es que son hermanos gemelos, y que su corazón terminará dividido entre las dos mitades de un mismo rostro.
Ella Dawson lleva años preparándose para un solo día. Con diecinueve recién cumplidos, cursos de corrección y trabajo editorial a cuestas, y una biblioteca que conoce mejor que su propio barrio, entra por primera vez al edificio vidriado de Collins e hijos convencida de que ahí empieza su vida adulta. Lo que no anticipa es que la vida adulta empieza antes: en la vereda, cuando una moto se sube al cordón y un desconocido pelirrojo la empuja fuera del camino segundos antes del impacto.
De ese accidente salen dos hombres. Adam, el compañero que la guiará en su primer trabajo con paciencia y entusiasmo, y el motociclista de ojos imposibles de definir que, en lugar de disculparse, la llama “nena” y le devuelve la burla. Ella jura no volver a cruzárselo. El día se encarga de desmentirla tres veces: en el pasillo de la editorial, y esa misma noche en Notorious, el bar recién abierto adonde va a festejar con sus amigas. Cuando el karaoke la sube al escenario para un dueto, el hombre que aparece a su lado tiene la misma cara del que odia, pero canta como si estuviera pidiendo perdón, le toma la mano en el estribillo y se presenta con un nombre que ella no esperaba: Sam.
Porque no es uno. Sam y Chad Collins son gemelos, herederos de la editorial y socios en el bar, y se reparten la vida en turnos de tres meses: uno atiende la noche mientras el otro atiende las oficinas. Sam es el de la ternura callada, el que escribe notas en servilletas y no sabe cómo se dicen las cosas bonitas. Chad es el que provoca, el que juega, el que deja mujeres confundidas colgadas del cuello de su hermano. Idénticos por fuera, opuestos por dentro, y ninguno de los dos dispuesto a ceder terreno.
Alrededor de Ella late un mundo propio que la novela cuida tanto como al romance: Leo, el hermano mayor que la lleva al trabajo en su auto tuneado; Kate, que sobrevivió a una traición y a un abandono familiar y convirtió su casa heredada en refugio del grupo; Jane, la brillante que se sonroja cuando la elogian; unos padres que trabajan de más y se preocupan de más. Entre margaritas de lunes, oficinas con jefes de portazo fácil y noches de karaoke, Ella descubre que el príncipe que buscaba y el chico malo que la sacaba de quicio nunca fueron dos fantasías incompatibles: son dos personas reales, y elegir entre ellas va a costarle mucho más que un dilema de novela.
Escrita con un pulso ágil y una voz en primera persona que alterna entre Ella y Sam, esta comedia romántica argentina cambia el vestido de baile por una oficina editorial y el caballo blanco por una moto que casi la atropella, para preguntarse qué pasa cuando el hombre perfecto viene, literalmente, por duplicado.