En el Madrid de las noches largas y los trabajos que se acaban, Silvia se resiste a que otros decidan por ella. Huérfana desde niña, inquilina de un cuarto alquilado y recién despedida, sale de fiesta buscando bailar hasta reventar y…
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En el Madrid de las noches largas y los trabajos que se acaban, Silvia se resiste a que otros decidan por ella. Huérfana desde niña, inquilina de un cuarto alquilado y recién despedida, sale de fiesta buscando bailar hasta reventar y encuentra un local turbio, un par de pretendientes intercambiables y una amiga que ha convertido la noche en una encerrona. Amor de película, de Mar Bruno, es el retrato de una joven que prefiere la soledad a la compañía equivocada y que sigue esperando algo que se parezca al amor de verdad.
Silvia lleva tres semanas sin trabajo y una semana entera pateándose las calles de Madrid en busca de un empleo que no llega. Cuando Carol, su mejor amiga, insiste durante todo un día en que la acompañe a una fiesta, acaba cediendo: necesita bailar, soltar la tensión y no pensar en el lunes. Lo que encuentra al llegar es un local improvisado sobre un aparcamiento del centro, con paredes húmedas cubiertas de grafitis, un olor a alcohol y sudor que se pega a la ropa, ni un solo cuarto de baño y dos hermanos del barrio que reparten copas con una mano y algo más con la otra. La música es buena. Todo lo demás, no.
Mientras esquiva a borrachos que la llaman “nena” y observa el mercadeo silencioso que recorre la pista, Silvia entiende que la noche no era lo que le habían vendido. Carol no la ha llevado allí para bailar: la quiere de pareja para uno de los dos chicos con los que se ha encontrado, y no acepta un no por respuesta. La discusión que sigue —entre gritos, risas nerviosas y una frase que duele más de lo que Carol imagina— deja al descubierto la distancia entre dos maneras de entender la diversión, la libertad y el propio cuerpo. Silvia no quiere rollos de una noche; quiere conocer a alguien, hablar, enamorarse, y le da igual que la llamen estrecha por decirlo en voz alta.
El regreso a casa, caminando por una Cibeles dormida hasta el cuarto que le alquila la señora Díaz, abre la otra cara del personaje. Silvia quedó huérfana tras un accidente de coche y creció en un centro donde otros elegían por ella y donde tuvo que aprender a defenderse sola. De ahí vienen su carácter, su terquedad y su alergia a que alguien la maneje. También de ahí viene el peso que arrastra fuera de la pista: las puertas que se cierran cuando dice que es huérfana, el sueldo escaso, los ahorros invertidos en un curso que no ha servido de nada, el alquiler que vence.
Mar Bruno construye una novela contemporánea de tono directo y lenguaje sin filtros, contada desde la mirada afilada de una protagonista que juzga lo que ve y se juzga a sí misma con la misma franqueza. Entre la crónica del ocio nocturno madrileño, la precariedad laboral y la amistad que se tambalea, Amor de película sostiene una pregunta sencilla y obstinada: si todo el mundo parece conformarse con menos, ¿es demasiado pedir esperar algo de película?
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