Sean, diecisiete años y aspirante a director, imagina su vida como una comedia romántica hasta que su novio lo deja junto a la piscina del club donde trabaja de socorrista.
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Sean, diecisiete años y aspirante a director, imagina su vida como una comedia romántica hasta que su novio lo deja junto a la piscina del club donde trabaja de socorrista. Crest, une sirénide de Pacífica, debe pasar un ciclo lunar con piernas humanas y ayudar a alguien sin esperar nada a cambio. Cuando la marea deposita a Crest en una playa de Santa Mónica, dos historias que nadie había planeado empiezan a compartir plano. Ninguno de los dos sabe todavía a quién le toca rescatar a quién.
En Santa Mónica, Sean ocupa la garita del socorrista como quien ocupa la silla de un director: encuadra el club, la piscina, a los socios que vuelven de la playa, y se convence de que controla el plano. La ilusión dura hasta que su novio cruza el césped artificial ensayando entre dientes una frase que Sean ha visto en decenas de películas. La ruptura llega en público, con testigos, y con un agravante que ninguna comedia romántica le había preparado: el chico que lo sustituye es su mejor amigo de la infancia, hoy figura popular del instituto.
Lo que sigue son semanas de duelo doméstico —llorar en la cama, en la ducha, frente a una tarrina de helado— y una lista de planos guardada en el móvil con todos los momentos que Sean había planificado y que ya no ocurrirán: la muestra de cine, el baile de graduación, la mudanza a la universidad. Borrarla resulta imposible; sostenerla, doloroso.
En paralelo, y en un registro muy distinto, otra voz narra su propia partida. Crest es une sirénide de Pacífica a punto de emprender el Viaje, el rito que obliga a cada joven de su especie a pasar una luna llena en tierra firme y ayudar a une desconocide sin esperar nada a cambio. La tradición nace de un pacto antiguo con el Azul, el océano que salvó a les primeres sirénides; el castigo por incumplirla es no volver nunca al agua. Crest desconfía de los humanos, detesta el nombre que le han asignado y solo cuenta los días para regresar.
Las dos líneas convergen en la arena, cuando una multitud rodea a un cuerpo inconsciente y el único socorrista disponible es Sean. El encuentro empieza con un malentendido sobre el boca a boca, continúa con unas piernas que todavía no saben caminar y sigue camino de un puesto de burritos al otro lado de la carretera.
Con humor, lenguaje inclusivo y una estructura de doble narrador, la novela cruza la comedia romántica adolescente con la fantasía marina: por un lado, un chico que necesita dejar de dirigir su vida para poder vivirla; por otro, une protagonista no binarie con un mes exacto para averiguar si en tierra hay algo que merezca la pena salvar. En el trayecto aparecen el duelo amoroso, las amistades que sostienen, las familias recompuestas y la pregunta de qué significa ayudar cuando no se espera nada a cambio.