Sara Gilman llegó a Banbury buscando lo que nunca tuvo: raíces. Hija de militares, criada entre bases aéreas y mudanzas, cambió una carrera prometedora por una casa pequeña, un empleo de cajera y la compañía de su tía abuela.
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Sara Gilman llegó a Banbury buscando lo que nunca tuvo: raíces. Hija de militares, criada entre bases aéreas y mudanzas, cambió una carrera prometedora por una casa pequeña, un empleo de cajera y la compañía de su tía abuela. En una subasta de noviembre, un desconocido le arrebata la rueca con la que soñaba aprender a hilar y le ofrece, a cambio, un chal antiguo y su insistencia. Jason Marsh restaura casas centenarias y no se queda en ninguna. Sara sabe exactamente por qué debería alejarse.
Un sábado frío de noviembre, en el granero de una vieja granja de Vermont, se remata la vida entera de un hombre muerto. Entre canastos, lencería antigua y muebles victorianos hay una sola pieza que Sara Gilman quiere de verdad: una rueca de madera anterior a la Guerra Civil, intacta, con la pátina cálida de un siglo de manos. Su tía abuela Rachel prometió enseñarle a hilar si conseguía una, y en esa promesa cabe algo más grande que un objeto: la certeza de pertenecer a un lugar y a un linaje.
Sara no gana la puja. Se la lleva un forastero alto, de ojos oscuros y sonrisa demasiado segura, al que ella bautiza en silencio como el pirata. Lo que no espera es que ese mismo hombre compre después el chal de Paisley que también había codiciado, y se lo ofrezca como disculpa en el camino rural donde su auto ha quedado atrapado.
Jason Marsh es arquitecto y restaura casas antiguas. Trabaja un año aquí, dos allá, viaja con poco más que ropa y libros, y habla de su oficio con la pasión de quien reconstruye el pasado hasta el último detalle. Es, en resumen, todo aquello de lo que Sara huyó. Después de diez escuelas en tres países y de un noviazgo roto por negarse a seguir a un aviador hasta Alemania, ella eligió Banbury con los ojos abiertos: una casa blanca, un empleo tranquilo en el banco, un galanteo lento con Roger Ferris que no le exige nada.
Jason no pide permiso para entrar en esa vida. Averigua su nombre en la planilla del remate, la busca en la guía telefónica, aparece sin avisar la víspera de una cita ajena y negocia su retirada a cambio de una noche. Y Sara descubre, con más alarma que sorpresa, que le cuesta menos discutir con él que resistirse.
«Amor agridulce», de Barbara Andrews, publicada por Harlequin Ibérica en la colección Bianca, es una novela romántica contemporánea sobre el precio de echar raíces. Su conflicto no nace de un malentendido pasajero, sino de una diferencia real: dos personas que entienden el hogar de maneras incompatibles. La pregunta que la sostiene es simple y difícil: qué hacer cuando el hombre que no se queda en ningún sitio decide instalarse en el corazón de alguien que juró no volver a mudarse.
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