Alicia, estudiante de química a punto de cerrar su carrera, conoce en un bar a un desconocido con quien la atracción es inmediata; días después descubre que ese hombre es el nuevo profesor de la asignatura clave de su último semestre.
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Alicia, estudiante de química a punto de cerrar su carrera, conoce en un bar a un desconocido con quien la atracción es inmediata; días después descubre que ese hombre es el nuevo profesor de la asignatura clave de su último semestre.
Alicia lleva años avanzando a contracorriente. Entró tarde a la universidad porque la vida le pidió otras cosas primero: sostener el taller automotriz de su padre cuando el negocio flaqueaba, atender el mostrador, ordenar papeles, y quedarse cuando otros se fueron. Su madre se marchó hace tiempo; su hermano Ernesto abandonó el taller por una firma de contadores y terminó desapareciendo, perseguido por acusaciones de estafa que dejaron a Víctor, el padre, hundido en una culpa que no le corresponde. En medio de esa reconstrucción lenta, Alicia por fin llega al último tramo de su licenciatura en química, y el examen que aprueba una noche de estudio hasta las tres de la mañana es la última puerta antes del final.
La celebración con Karina —su amiga y vecina, insistente y cálida, la voz que la empuja fuera de casa— parece una noche cualquiera. Alicia arrastra el bochorno reciente de haberse equivocado con Juan Carlos, el proveedor de repuestos cuya simpatía interpretó como interés y que resultó tener novia, un desencuentro que reactivó todas sus inseguridades sobre su propio atractivo. Entonces llegan dos copas enviadas desde la barra y, con ellas, Sergio: alto, de voz grave, nervioso de un modo que a Alicia le resulta desarmante, con un perfume que le parece a la vez desconocido y familiar. Bailan hasta que apenas queda aire entre sus cuerpos, se provocan sin besarse, intercambian números.
Lo que sigue son días de mensajes que no se detienen. Conversaciones sobre música, películas, libros y viajes deseados que derivan en confesiones cada vez más íntimas; una sensualidad que Alicia descubre en sí misma y que no sabía que llevaba guardada. Sergio, recién mudado a la ciudad por motivos profesionales, insiste en que quiere estar en su vida. Un almuerzo improvisado cerca del taller confirma todo: la conversación fluye, la atracción se sostiene fuera del alcohol y de la penumbra del bar, y el primer beso ocurre dentro del coche, con la urgencia de dos personas que deben separarse antes de no poder hacerlo.
Esa misma tarde, Alicia entra al aula de la asignatura más importante del semestre, se sienta en una de las últimas filas y busca en su horario el nombre del profesor. Solo encuentra un “por asignar”. Cuando levanta la mirada, el hombre al frente del salón es Sergio.
La novela plantea entonces un dilema sin salida cómoda: retirar la materia significaría renunciar a graduarse en el tiempo que tanto le costó conquistar; continuar significa sostener, semana tras semana, una cercanía que bajo esas circunstancias resulta impropia. Con una narración íntima y de temperatura ascendente, la historia sigue a una mujer que apenas empezaba a creerse deseable y que debe decidir cuánto está dispuesta a arriesgar de lo único que siempre fue enteramente suyo.