Una mujer atormentada escucha en un parque lo que podría ser una amenaza mortal contra su hijo. Sumida en la duda sobre si realmente la oyó, Adriana busca refugio en un trabajo como limpiadora de escenas de crimen.
Descargar
Una mujer atormentada escucha en un parque lo que podría ser una amenaza mortal contra su hijo. Sumida en la duda sobre si realmente la oyó, Adriana busca refugio en un trabajo como limpiadora de escenas de crimen. En su primer día, entre los restos de un asesinato brutal, su paranoia se despierta cuando un misterioso policía comienza a observarla con perturbadora atención.
Adriana escucha una frase en un parque lleno de ruido que podría ser una amenaza mortal contra su hijo, pronunciada por su exmarido Marcos. La incertidumbre la consume: ¿oyó realmente esas palabras o fue un delirio de su mente? La duda se infiltra en sus días y sus noches, convirtiéndose en una presencia que la ahoga. Cuando ya no puede resistir, Adriana busca cualquier forma de escapar, de encontrar refugio en algún lugar donde no tenga que enfrentar el mundo exterior.
Acepta el primer empleo que encuentra: limpiadora de escenas de crimen. Es un trabajo marginal, oscuro, que le permite mantenerse aislada dentro de trajes protectores de plástico, lejos de todo contacto humano innecesario. Su primer encargo la lleva a un piso en su propio barrio donde debe limpiar los restos de un homicidio brutal. Mientras retira objetos personales de la víctima, reconstruye mentalmente a un hombre que una vez vivió entre esas paredes. La sangre coagulada que cubre la cocina, los dedos que arañaron cajones buscando salvación, los esfuerzos desesperados de alguien intentando sobrevivir: todo narra la cruda violencia del crimen.
Cuando un policía de expresión vacía aparece con la excusa de una «comprobación de rutina», algo se quiebra. Sus ojos ocultos tras gafas modernas no parpadean, y su atención se clava en Adriana con inquietante persistencia. Mientras ella abandona el piso, él la observa desde el bar de enfrente, móvil en mano, inmóvil. La frontera entre su paranoia y la realidad comienza a desvanecerse peligrosamente.