Tras descubrir la infidelidad de su esposa y perder después a su hijo Uriel en un accidente, Cam arrastra casi veinte años de rencor contra la vida.
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Tras descubrir la infidelidad de su esposa y perder después a su hijo Uriel en un accidente, Cam arrastra casi veinte años de rencor contra la vida. Una noche, colgado de la baranda de su balcón en un noveno piso, una dama de cabello blanco le indica dónde apoyar el pie y se presenta: es la Vida. De ese encuentro nacen otros seis, con el tiempo, la soledad, la muerte, el miedo, el cambio, el perdón y el amor, siete conversaciones que obligan a Cam a mirarse antes de poder volver a empezar.
La novela de Carlos Alemán abre en 2065: una mujer de ochenta y cinco años se despide del mundo tomada de la mano de su compañero y murmura que la vida es hermosa. Desde ese final sereno, el relato retrocede medio siglo para contar cómo se llega hasta ahí.
En 2012, Cam vuelve antes de tiempo a casa y encuentra a su mujer con otro hombre. El divorcio le deja los bienes materiales y le quita todo lo demás. Diez años después vive solo en un departamento moderno, discute a gritos con su reflejo en el espejo y culpa a la vida de cada pérdida. Su hijo menor, Uriel, adoptado y estudiante de medicina, lo visita casi a diario, le cocina y le frena la bebida; el mayor, Jeliel, mira desde lejos una ternura que nunca le tocó. Cuando Uriel muere en un accidente de tráfico al salir de una cena con su padre, Cam se queda escondido detrás de un muro durante el funeral, incapaz de entrar.
Cinco años más tarde el duelo se ha vuelto rutina: alcohol, insomnio, un trabajo que ya no sostiene y un cuerpo que empieza a avisar. Una tarde, suspendido de la baranda del balcón sin saber si quiere subir o soltarse, aparece una dama esbelta de cabello blanco, la misma que lo observaba en el cementerio. No viene a consolarlo, viene a responder: dice ser la Vida y le devuelve cada reproche convertido en pregunta.
A partir de ese primer diálogo, Cam se irá encontrando con las entidades que siempre nombró sin entender —el tiempo, la soledad, la muerte, el miedo, el cambio, el perdón y el amor—, hijos de la Vida que desarman sus certezas sobre lo que perdió, lo que merece y lo que todavía elige. Alrededor de esas conversaciones se ordena una existencia entera: la reconciliación pendiente con Jeliel, mujeres que le exigen verdad, una enfermedad grave, un hospital psiquiátrico, una parroquia, un libro por escribir y un último encuentro que cierra el círculo.
Narrada por un terapeuta que dice haber escuchado esta historia, la obra combina relato realista y fábula filosófica para sostener una idea incómoda: nadie encuentra el sentido de la vida, cada quien se lo da. Una lectura sobre el duelo, la responsabilidad y la posibilidad de empezar de nuevo a cualquier edad.