Luna, una estudiante de arte de veintisiete años, llega a La Guajira para terminar su tesis y se obsesiona con Jepira: una isla que no figura en ningún mapa y de la que los relatos locales hablan como territorio sagrado, morada de…
Descargar
Luna, una estudiante de arte de veintisiete años, llega a La Guajira para terminar su tesis y se obsesiona con Jepira: una isla que no figura en ningún mapa y de la que los relatos locales hablan como territorio sagrado, morada de espíritus o simple leyenda. Cuando un navegante llamado Indra se ofrece a llevarla, Luna rompe una promesa y zarpa. Lo que encuentra al otro lado del horizonte desarma todo lo que creía saber sobre lo posible.
Un domingo cualquiera, en una casa prestada de La Guajira, Luna descubre que está sola y que le quedan pocos días antes de volver a presentar su tesis de grado. Lleva meses recogiendo material para el trabajo con el que espera ganar una beca y viajar a España a especializarse en artes plásticas. Pero hay algo que no ha logrado tachar de su lista: llegar a Jepira, esa isla de la que todos hablan y a la que nadie quiere llevarla.
Las versiones que ha oído se contradicen entre sí. Para los Wayuu es un paraje sagrado donde los espíritus descansan; para otros, un lugar poseído por fuerzas que no devuelven a quien las visita; para Joel —el anfitrión que la acogió como a una hija y le hizo prometer que no iría sola— no es más que una invención repetida durante generaciones. Luna, escéptica por método y curiosa por temperamento, decide que la única forma de saberlo es comprobarlo ella misma.
Ese día aparece un velero blanco y, con él, Indra: un hombre sereno al que en la isla llaman el pescador de sueños, y que dice haber venido justamente a buscarla. La travesía dura dos horas de conversación tranquila, delfines escoltando el casco y una calma que Luna no sabe explicar. Hasta que el mar se abre en dos paredes de agua, la luz lo borra todo y la joven se encuentra flotando en la nada, sostenida apenas por una mano.
Jepira resulta ser un territorio de montañas imposibles, cascadas en zigzag, follaje multicolor y un brillo que parece propio de cada cosa y cada persona. Allí los jóvenes juegan saltando por el aire y corriendo sobre el agua, no hay cerraduras ni dinero —la comunidad se sostiene por trueque—, y la casa que le asignan es la réplica exacta de un proyecto que Luna diseñó meses atrás con sus amigos. Ese detalle desata su desconfianza: exige explicaciones, sospecha de una secta, de un espejismo, de un seguimiento. La respuesta que recibe no aclara el misterio, sino que lo desplaza: cuando alguien desea algo con suficiente fuerza, dice Indra, el universo abre una ventana de posibilidades.
Con la compañía de Amaltea, maestra de arte que la integra al colegio de la isla, y el encuentro con Samuel —un vecino cuyo rostro le resulta inexplicablemente familiar y cuyo simple apretón de manos le devuelve imágenes que no reconoce como propias—, Luna empieza a habitar un lugar donde la mente no tiene límites y el cuerpo no tiene ataduras. Cada certeza que trae del continente se le vuelve pregunta, y cada pregunta la acerca a una decisión que ya no tiene que ver con la tesis ni con la beca.
Escrita en una prosa clara y de tono luminoso, y estructurada en seis capítulos que avanzan de la duda a la elección, esta primera novela de Sandra Jaramillo Botero se apoya en la geografía real de la península colombiana y en la cosmovisión wayuu para construir una fábula sobre la fe en uno mismo, los vínculos que sobreviven a la distancia y aquello que solo se descubre cuando se acepta cruzar al otro lado. La dedicatoria de la autora —a quienes la acompañaron en el suceso que partió su vida en dos— sugiere que detrás del viaje de Luna late una travesía personal.