Una trabajadora eventual encadena empleos temporales de toda índole —oficinista, limpiabotas, maniquí de escaparate, tripulante de un barco pirata— mientras persigue la promesa nunca cumplida de un puesto fijo, en una fábula corporativa…
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Una trabajadora eventual encadena empleos temporales de toda índole —oficinista, limpiabotas, maniquí de escaparate, tripulante de un barco pirata— mientras persigue la promesa nunca cumplida de un puesto fijo, en una fábula corporativa que mezcla humor absurdo y mitología con una reflexión sobre el trabajo precario y la búsqueda de estabilidad.
La protagonista de esta novela no tiene nombre propio, sino una sucesión interminable de puestos: sustituye a presidentes de junta, ordena el armario de una coleccionista de zapatos, hace de maniquí navideño, releva a un loro de barco pirata. Su vida transcurre en la breve duración de cada encargo, gestionada por Farren, la agente de colocación que promete, encargo tras encargo, que la ansiada ‘permanencia’ está por fin al alcance de la mano. A falta de un hogar o una identidad fija, la narradora organiza su existencia en torno a una serie de novios —el formal, el manitas, el alto, el adicto al centro comercial— cada uno reducido a un rasgo, ninguno destinado a durar. Cuando sustituye al verdadero presidente de una gran corporación, hereda tras su muerte una porción de sus cenizas en un colgante, y el hombre reaparece convertido en fantasma doméstico, cómplice involuntario de su rutina. Entre encargo y encargo, la novela intercala el mito fundacional de ‘la Primera Eventual’, creada por los dioses para cubrirlos durante sus ausencias, en un mundo donde el trabajo antecede incluso a la gravedad. El relato avanza como un inventario de oficios cada vez más disparatados —desde limpiar rascacielos hasta dirigir el tráfico— hasta desembocar en un buque sin bandera, donde la protagonista, aquejada de un mareo que no es lo que parece, es aleccionada por un oficial de recursos humanos y advertida por un misterioso sustituto de loro de que pronto la harán ‘caminar por la pasarela’. Con un tono que oscila entre la sátira laboral y la fábula onírica, la obra convierte la precariedad del trabajo temporal en una alegoría más amplia sobre la identidad, la pertenencia y el deseo de encontrar, por fin, un lugar que sea permanente.