En las praderas junto al río Aguasclaras, en Idaho, un potrito rojizo llamado Alazán debe enfrentar el primer gran quiebre de su corta vida: el destete.
Descargar
En las praderas junto al río Aguasclaras, en Idaho, un potrito rojizo llamado Alazán debe enfrentar el primer gran quiebre de su corta vida: el destete. A partir de ahí, guiado por la curiosidad y por la amistad de un joven caballo blanco y de un potro negro, descubre el cañón, el río y, por primera vez, la presencia inquietante y fascinante de los seres humanos.
La historia sigue los primeros pasos de Alazán, un potro criado en libertad en las tierras altas que bordean el río Aguasclaras. Su mundo, hasta entonces reducido al calor y la leche de su madre, se resquebraja cuando ella comienza a rechazarlo, empujándolo hacia una independencia que él aún no desea. De ese desconcierto nace un vínculo nuevo: la admiración casi devota que siente por Blanco, un joven caballo de porte seguro y alegre, y la camaradería juguetona con Negro, otro potro de la manada.
Junto a ellos, Alazán se aventura más allá de lo conocido: cruza a nado el brazo del río hasta un banco de arena, sortea un peligroso paso de piedras batidas por la corriente, sube por primera vez la ladera pedregosa donde acecha una serpiente de cascabel y alcanza la cima de la colina más alta del rancho, desde donde contempla un territorio que hasta entonces solo había intuido. Cada descubrimiento mezcla el vértigo del riesgo con el placer de la libertad recién estrenada.
El relato da un giro cuando aparece un jinete en la pradera. El miedo ancestral de la manada hacia el hombre se apodera de Alazán, que huye en desbandada y termina separado de los suyos, arrastrado incluso por la corriente del río en un instante de verdadero peligro. Es entonces cuando se cruza con dos jóvenes —un ranchero y una muchacha a caballo— que lo alcanzan, lo sujetan con un lazo y, en lugar de doblegarlo por la fuerza, lo calman con voz suave y una manzana compartida a bocados. Tras ese encuentro breve pero decisivo, lo devuelven a la pradera.
Liberado, Alazán regresa tembloroso hacia su manada, pero algo en él ha cambiado: junto al miedo, queda grabada una curiosidad nueva hacia esos seres de voz suave y manos pacientes, una atracción que lo llevará, en adelante, a rondar una y otra vez el lugar donde los conoció. La obra retrata así, con atención minuciosa a los sentidos y las emociones del animal, el tránsito de la dependencia infantil a una autonomía todavía insegura, y el instante germinal en que un potro salvaje empieza, sin saberlo, a acercarse al mundo de los hombres.