En un mundo donde lo sobrenatural coexiste con lo humano, Dan, uno de los últimos humanos puros, trabaja como investigador junto a Neal, una criatura de origen misterioso.
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En un mundo donde lo sobrenatural coexiste con lo humano, Dan, uno de los últimos humanos puros, trabaja como investigador junto a Neal, una criatura de origen misterioso. Juntos persiguen vampiros y secretos que amenazan la frágil paz entre especies. Pero cuando descubren un papel que podría cambiar su suerte, se ven arrastrados a una verdad más profunda: la de unos seres condenados por dioses antiguos, cuya sangre engendró una raza nueva, y cuyos destinos están irremediablemente entrelazados con el de la humanidad.
La novela abre con un prólogo que sitúa sus raíces en la mitología griega: Caronte, el barquero del Inframundo, ha roto las leyes fundamentales que Hades le impuso. El dios castigó su transgresión mediante la creación de una nueva raza, seres nacidos de sangre divina y programados mágicamente para obedecer a sus creadores. Milenios después, esta raza prospera en las sombras del mundo moderno.
Dan es un investigador humano que trabaja en una agencia especializada en criaturas sobrenaturales. A diferencia de sus colegas, él es genuinamente humano, lo que lo hace vulnerable pero también excepcional. Su compañero Neal posee habilidades sobrenaturales que no ha revelado completamente, pero que lo hacen indispensable en operaciones peligrosas.
Durante una operación en un edificio abandonado, Dan y Neal buscan información sobre un crimen. El vampiro que atrapan rehúsa hablar, advirtiendo que revelar cualquier secreto resultaría en su muerte a manos de sus superiores. Cuando el sospechoso escapa, Dan descubre un papel capaz de cambiar el curso de sus vidas.
Simultáneamente, una criatura alada llamada Denes vuela en la noche, huyendo de una existencia de sumisión. Ella trabaja bajo órdenes de alguien, sin libertad ni elección. Su intuición le advierte que algo cambia, que algo falta. Cuando suena su teléfono, sabe que la tregua ha terminado.
La narrativa entrelaza mundos: el del Inframundo antiguo donde dioses castigaban con creaciones malditas; el contemporáneo de investigadores humanos lidiando con realidades sobrenaturales; y el de criaturas atrapadas entre ambos. A medida que los hilos convergen, un propósito oculto surge: los descendientes de Caronte no son solo esclavos, sino piezas de un juego mucho más vasto.