Alas en fuga reúne la obra poética de Julián Marchena, autor costarricense de un solo libro publicado en 1941 y reeditado en décadas posteriores. Esta edición acompaña los poemas con un estudio crítico de Jorge Charpentier y un prólogo de…
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Alas en fuga reúne la obra poética de Julián Marchena, autor costarricense de un solo libro publicado en 1941 y reeditado en décadas posteriores. Esta edición acompaña los poemas con un estudio crítico de Jorge Charpentier y un prólogo de Hugo Montes, que sitúan al poeta en la estela posmodernista: rima trabajada, variedad métrica, gusto por la melancolía y una fe sostenida en la belleza. El eje del conjunto es la huida —el deseo de abandonar lo prosaico y cotidiano para alcanzar una realidad más alta, hecha de mar, cielo y arte—, culminado en el célebre soneto "Vuelo supremo".
Julián Marchena escribió un solo libro, y le bastó. Alas en fuga apareció en 1941, con poemas fraguados en las décadas anteriores, y desde entonces se ha sostenido como una de las piezas más reconocibles de la literatura costarricense. Esta edición presenta el volumen acompañado de dos lecturas que lo iluminan desde ángulos distintos: el estudio crítico de Jorge Charpentier y el prólogo de Hugo Montes.
Charpentier organiza su recorrido en torno a la doble acepción que da título a su ensayo. La fuga es huida apresurada, impulso, intención; pero también es la forma musical que gira sobre un tema y lo repite en tonos diversos, mientras el contrapunto concuerda voces opuestas hasta volverlas armonía. Con esa clave avanza por cinco motivos —el poeta y el poema, el paisaje, el tiempo, el amor y el vuelo supremo— y muestra cómo cada uno reaparece transformado a lo largo del libro. En su lectura, el poeta es un elegido que trabaja con el dolor como materia más noble, que contempla para escapar de “la prosa vana” y que sabe que su existencia carece de sentido si no se lleva hasta el acto único del poema.
El paisaje, en Marchena, deja de ser ornamento. El mar, la noche, las nubes y sobre todo la tarde funcionan como descubrimiento de interioridades: el crepúsculo es el instante en que la vida suelta su hilo, y el alma y el paisaje se ensombrecen al mismo tiempo. El tiempo aparece como sucesión invisible de instantes, con la vejez y la ausencia por hijas, y con el olvido como oasis incierto. El amor recorre todos sus matices heredados de siglos —la amada imposible, la breve presencia, el recuerdo que sustituye al cuerpo— y termina siempre dejando su huella de dolor, aunque también reconozca a la compañera que entra en el pecho tan calladamente que parece conocida desde antes.
Hugo Montes aporta la mirada del historiador y el analista. Sitúa el libro en líneas posmodernistas emparentadas con los primeros escritos de Gabriela Mistral o Enrique González Martínez, y defiende su vigencia frente a las modas que arrinconaron la poesía cercana al arte por el arte: en la casa de la poesía, recuerda, hay muchas moradas. Rastrea después el vocabulario de la fuga a lo largo del volumen —huir, escaparse, fugarse, borrarse— y describe la poética de la huella: no interesa la fiesta sino la sala donde la hubo, no la pasión sino su fragancia. Detecta en ello un impresionismo verbal hecho de vislumbres, contornos disueltos y adjetivos tenues, apoyado en sinestesias, aliteraciones y una notable riqueza de rimas. Cierra con un análisis verso a verso de “Vuelo supremo”, donde la muerte se presenta ungida de grandeza: el corazón cansado, el peñón abandonado y las alas todavía abiertas.
El resultado es un volumen que sirve por igual al lector que llega por primera vez a Marchena y a quien quiera entender por qué un libro único sigue midiéndose con lo mejor escrito en lengua española.