Montgomery, Alabama, 1918. Entre el fervor de los bailes militares y la lujuria de la juventud, una muchacha del Sur con ansias de libertad encuentra en el teniente Fitzgerald la promesa de una vida deslumbrante.
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Montgomery, Alabama, 1918. Entre el fervor de los bailes militares y la lujuria de la juventud, una muchacha del Sur con ansias de libertad encuentra en el teniente Fitzgerald la promesa de una vida deslumbrante. Pero bajo el brillo de las noches de champán, los uniformes impecables y los pasos de danza perfectos, acecha la inquietud: el pulso de la guerra, las contradicciones del deseo, la fragilidad de los sueños. Zelda Sayre narra sus propios memoriales en prosa ardiente, donde cada momento brilla con la intensidad de quienes saben que todo es fugaz.
Zelda Sayre escribe desde el silencio de los recuerdos. Montgomery, Alabama, 1918: la guerra trae miles de jóvenes soldados que invaden las calles como bandadas de aves de plumaje azul y oro. Entre ellos, el teniente Fitzgerald—impecable, seductor, dueño de una arrogancia que cautiva. Es Zelda, la Hermosa Muchacha del Sur, hija del Juez. Danza todos los bailes nuevos, perfecciona sus pasos, dilata su sonrisa. Pero cuando Scott aparece en el jardín de su madre, algo cambia. La noche que la recoge en un faetón de antaño, a los dieciocho años, se convierte en la más hermosa de su vida. Madreselva y glicinia en el aire. Champán. Ocho hombres jóvenes abrazándose, olvidándose de ella. Luego la espera: cartas desde Nueva York que piden matrimonio una semana y lo rechazan la siguiente. La provincia recupera sus «míseros escalofríos» tras la partida de las tropas. Zelda narra sus contradictorios con sangre fría y pasión desbordante. La muchacha que quería conducir el cabriolé, que sube faldas en las pistas, que rechaza al futbolista con la certeza de su propia fuerza. Cada escena brilla: perfumes, uniformes, estrépito de vasos, tensión sexual insoportable. Esta novela retrata la juventud en la frontera entre dos épocas, la libertad femenina que se adivina pero no existe, el romanticismo y su fracaso. Es el retrato de una mujer compleja, contradictoria, ardiente: no una musa, sino el alma que anima los grandes mitos literarios del siglo XX.