Con más de tres décadas de oficio periodístico a sus espaldas, Leontxo García propone recorrer el ajedrez como quien entra en una mina apenas explotada: no para enseñar a jugar, sino para mostrar todo lo que el tablero revela sobre la…
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Con más de tres décadas de oficio periodístico a sus espaldas, Leontxo García propone recorrer el ajedrez como quien entra en una mina apenas explotada: no para enseñar a jugar, sino para mostrar todo lo que el tablero revela sobre la inteligencia, la educación y la máquina. Un ensayo divulgativo, prologado por José Antonio Marina y publicado por Editorial Crítica, que combina rigor documental, entrevistas con científicos y un pulso narrativo hecho de anécdotas, retratos y polémicas.
El autor advierte de entrada que no hace falta saber mover las piezas para leer este libro. Su apuesta es otra: tomar las 64 casillas como un microcosmos donde caben la psicología, la neurociencia, la pedagogía, la informática y la historia social, y contarlo con el instinto de quien lleva desde 1983 sacando oro de esa veta para lectores, oyentes y telespectadores.
La obra se organiza en tres movimientos. El primero, «Los misterios del ajedrez», se abre con una pregunta incómoda y deliberadamente abierta: por qué las mujeres, en términos generales, obtienen peores resultados. La respuesta no llega en forma de sentencia, sino de expediente. Desfilan los estudios que atribuyen la brecha a diferencias innatas y los que la explican por factores socioculturales; el dato de que las federadas son una fracción mínima del censo; el momento crítico de la pubertad, cuando muchas niñas abandonan el juego; las tesis hormonales de Louann Brizendine y las interpretaciones freudianas que el propio autor despacha con humor. El capítulo se apoya además en material de primera mano: la circular con la que la federación española suprimió las competiciones femeninas en 2002, las protestas de las jugadoras que se sintieron desprotegidas y la marcha atrás de 2006. Y culmina en las biografías que desmienten cualquier determinismo: la pionera Vera Menchik y su célebre club de maestros derrotados, las heroínas georgianas Gaprindashvili y Chiburdanidze, la irrupción de Judit Polgar en Linares.
La segunda parte defiende el ajedrez como herramienta educativa y terapéutica: en las aulas, en el retraso del envejecimiento cerebral y en el trabajo con colectivos en riesgo de exclusión. El autor no elude la contradicción y dedica largas páginas a dialogar con Fernand Gobet, crítico severo de la literatura que sostiene esos beneficios.
La tercera reconstruye, en orden cronológico, el largo pulso entre el tablero y la máquina, desde los autómatas del siglo XVIII hasta los duelos de Kaspárov con Deep Thought y Deep Blue, vividos entonces como un litigio sobre la naturaleza de la inteligencia. Queda una constatación que ordena todo el libro: ni el ordenador más potente juega perfectamente al ajedrez, porque las partidas posibles superan a los átomos del universo conocido.
El resultado es un libro de divulgación con vocación de puerta de entrada, escrito por alguien convencido de que la mina sigue llena y de que una sola incursión no basta para visitarla entera.