Guía introductoria al ajedrez que acompaña al lector desde la elección del tablero hasta la comprensión de las tres fases de la partida, con un tono cercano y didáctico que desmitifica el juego sin renunciar al rigor.
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Guía introductoria al ajedrez que acompaña al lector desde la elección del tablero hasta la comprensión de las tres fases de la partida, con un tono cercano y didáctico que desmitifica el juego sin renunciar al rigor.
Este manual parte de una convicción sencilla: el ajedrez no exige un talento excepcional, sino tiempo y curiosidad. Desde esa premisa, el autor —formado en la enseñanza a niños de primaria y consciente de que lo que funciona con ellos también funciona con los adultos— construye un recorrido ordenado que va de lo elemental a lo sofisticado sin dar por sentado nada más que las ganas de mejorar.
La obra se organiza en cinco partes. Los cimientos presentan el tablero, su orientación correcta (esa casilla blanca en la esquina inferior derecha que hasta el cine suele equivocar), la nomenclatura de filas, columnas y diagonales, y el carácter de cada pieza: la torre heredera del carro de guerra, el alfil de cintura esbelta que domina las diagonales, la dama que combina los poderes de ambas, el rey que se mueve como ella pero de casilla en casilla, y el caballo y el peón, reservados para el final por ser los más difíciles de explicar. A continuación se abordan los elementos que estructuran cualquier posición —material, espacio, desarrollo, estructura de peones, seguridad del rey— y los tres desenlaces posibles: jaque, ahogado y jaque mate.
La segunda parte gana profundidad con las tácticas y combinaciones que deciden la mayoría de las partidas, los sacrificios entendidos como intercambio inteligente, y el reconocimiento de patrones, incluidas las formaciones de peones que ya tienen nombre propio por lo mucho que se repiten. Le siguen los principios estratégicos y el estudio detallado de la apertura, el medio juego y el final, tres fases que conviene distinguir sin perder de vista que la partida es un todo. La cuarta parte se ocupa de la etiqueta ante el tablero, del juego contra programas y en internet, y de la notación algebraica, esa taquigrafía que parece críptica y resulta sencilla. Cierran el libro dos decálogos: las diez partidas más célebres y una lista siempre polémica de los diez mejores jugadores.
Abundan los diagramas, los recuadros sobre figuras destacadas y los iconos que señalan advertencias, reglas prácticas, lecturas recomendadas y consejos. El autor insiste, con humor, en tener tablero y piezas al alcance de la mano: el ajedrez se comprende mejor tocándolo. Y recuerda algo que atraviesa todo el volumen: nadie ha agotado este juego, ni siquiera las máquinas, y ahí reside buena parte de su encanto.
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