Noviembre de 1938, frente a las costas de Long Beach. Anclados justo más allá del límite de las tres millas, los casinos flotantes de California ofrecen ruleta, licor y discreción a partes iguales.
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Noviembre de 1938, frente a las costas de Long Beach. Anclados justo más allá del límite de las tres millas, los casinos flotantes de California ofrecen ruleta, licor y discreción a partes iguales. El detective Paul Hansen sube al Miss Fortune con la placa escondida y un único objetivo: dar con Alice Durham, la mujer de rojo que es su última pista para localizar a Robbie Parker, contrabandista de aguardiente y antiguo amante suyo. Paul no viene a arrestarlo, sino a advertirle que los federales lo quieren fuera del tablero a cualquier precio. Pero Robbie no tiene ningún motivo para creerle a un policía, Alice juega sus propias cartas, y lo que empieza como un interrogatorio a punta de revólver acaba desenterrando todo aquello que los tres preferían no nombrar. Relato erótico histórico M/M/F para lectores adultos.
Hace demasiado frío para estar en el agua, incluso para noviembre, pero el taxi acuático que cruza el oleaje frente a Long Beach va lleno de jugadores. Al final del trayecto espera el Miss Fortune: un viejo mercante reconvertido en casino flotante, fondeado a tres millas y media de la costa, donde las cartas, las fichas y el licor circulan con una libertad que en tierra firme costaría la cárcel. Allí, la jurisdicción de un policía vale menos que el sombrero que el viento acaba de arrancarle a un pasajero.
El detective Paul Hansen viaja solo y con la insignia guardada en el bolsillo. Busca a Alice Durham, una mujer que, según su compañero Danny, es imposible confundir a bordo. Alice es también la única puerta hacia Robert Parker: destilador clandestino, dueño de una flota que reparte alcohol por toda la costa y hombre con recompensa sobre su cabeza. Y, seis años atrás, mucho más que un nombre en un expediente para Paul.
El encuentro en la barra dura poco. Robbie aparece antes de que Paul consiga hacerse entender, y la conversación privada que pide se convierte en un cañón apoyado contra su espalda y un descenso por escaleras estrechas hasta un cuarto de almacenamiento sin más salida que la escotilla por la que entraron. Desarmado, atado a una silla y observado por dos personas que tienen todos los motivos del mundo para desconfiar de él, Paul intenta explicar lo que ha venido a decir: que los federales están sobre Robbie, que su éxito lo ha vuelto un blanco y que no piensan detenerse en la legalidad. Robbie, en cambio, solo ve a un policía en su barco.
La negociación se complica cuando queda claro qué es exactamente Alice para Robbie —no una novia, sino su esposa— y cuánto sabe ella sobre el hombre que su marido nunca logró olvidar. Curiosa, deliberada y nada dispuesta a que le den órdenes, Alice decide comprobar por sí misma si las historias que le han contado son ciertas. Lo que sigue desplaza el centro de gravedad de la escena: los celos se vuelven deseo, la amenaza se vuelve invitación y el interrogatorio se transforma en un encuentro entre los tres, primero en aquel cuarto diminuto y después en un camarote donde por fin hay espacio.
Narrada en primera persona y en presente por el propio Paul, la historia avanza con el pulso del cine negro: viento salado, revólveres, gorilas de traje, humo de cigarrillo y un barco que no deja de crujir bajo el oleaje. Sobre ese decorado, Lauren Gallagher construye un relato erótico breve e intenso donde la tensión sexual explícita convive con algo más incómodo y más humano: la pregunta de qué quedó de un amor interrumpido, qué significa la lealtad cuando la ley está del lado equivocado y qué es capaz de cambiar a un hombre que juraba no quedarse nunca demasiado tiempo. Traducción al español de Micaela Desprès. Publicado originalmente en inglés dentro de la antología Underground Erotica.
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