En un vertedero junto al mar vive una tribu de criaturas diminutas y aladas, los Uglis, que sobreviven ocultas de la mirada humana. Cuando encuentran a una niña de dos años abandonada entre las bolsas de basura, rompen su ley más antigua y…
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En un vertedero junto al mar vive una tribu de criaturas diminutas y aladas, los Uglis, que sobreviven ocultas de la mirada humana. Cuando encuentran a una niña de dos años abandonada entre las bolsas de basura, rompen su ley más antigua y la adoptan: le dan un nombre de cuatro letras, un colchón de plumas de gaviota y una infancia hecha de carreras nocturnas. Cinco años después, un pescador la ve a la luz de la luna y todo ese mundo secreto queda en peligro.
La vieja calle que desemboca en el mar amanece desierta, pero entre los latones de basura se agita una civilización entera. Los Uglis —orejas enormes que les sirven para volar y para oír a una legua, ojos que se encienden en la oscuridad— abandonaron hace generaciones el castillo donde vivieron siglos, cuando los hombres lo convirtieron en museo. Eligieron el vertedero porque allí nadie pregunta, y organizaron su vida en asambleas, comisiones y competencias de salto en cartucho, carreras sobre tuercas y vuelo nocturno.
Su ley más firme era no mostrarse jamás a un humano bajo la luz del día. La rompieron una madrugada, cuando un llanto inconsolable los sacó de sus escondites y hallaron a una niña de dos años sentada sobre una bolsa de polietileno. Buscaron durante seis días a alguien que la reclamara y no encontraron a nadie. Entonces, en asamblea, decidieron adoptarla: le cambiaron el nombre bordado en su vestido por Mini —cuatro letras, terminado en i, como manda la costumbre— y repartieron entre todos su crianza. Aprendió a leer con el sabio Olei, a arbitrar con el maestro Peti, a dormir de día y a cabalgar tortugas de noche; se consoló de no poder volar con la historia de Robi, el Ugli de orejas pequeñas que se lanzó al cielo en una cafetera armada con desechos.
Cinco años después, un pescador la ve desde su bote montada sobre una tortuga bajo la luna llena. La noticia recorre la maestra, la enfermera, el alcalde, el asilo de indigentes, y se anuncia una batida en el basurero. En la asamblea de urgencia, los Uglis solo temen lo que le harán a ella: bañarla, peinarla, quitarle las flores del pelo, prohibirle los chocolates. Mini teme otra cosa —que al encontrarla lleguen hasta ellos— y toma sola una decisión que cambiará las dos orillas de su vida.
Escrito con humor tierno y un narrador que se detiene en las reglas absurdas y entrañables de la tribu, este relato de Marié Rojas Tamayo, ilustrado por Ray Respall, habla de familias que se eligen, de pertenecer a dos mundos a la vez y del precio de proteger a quien se quiere.