Una mañana de sábado, con resaca y sin previo aviso, Eva descubre que se queda sin casa: Carlos, su ex y compañero de piso durante ocho años, quiere el espacio para su nueva novia.
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Una mañana de sábado, con resaca y sin previo aviso, Eva descubre que se queda sin casa: Carlos, su ex y compañero de piso durante ocho años, quiere el espacio para su nueva novia. El desahucio amable la empuja a lo que llevaba dos años esquivando —mudarse, rehacerse y volver a salir con hombres— y su remedio llega en forma de perfil en AdoptaUnTío, la red donde son ellas quienes eligen. Contada en primera persona, con humor rápido y un catálogo de citas a cuál más improbable, «Adopta un tío» es la crónica de una mujer que aprende a decidir por sí misma mientras el mundo de la seducción digital le enseña, cita a cita, lo raro que puede llegar a ser todo.
Eva tiene veintisiete años, un trabajo, una cuadrilla de amigos gais en Barcelona y una vida perfectamente encajada en el molde que dejó su última relación. Con Carlos estuvo años; cuando lo dejaron, ninguno vio motivo para mudarse, así que la ruptura se convirtió en una convivencia cordial y cómoda, una especie de anestesia doméstica. La anestesia termina un sábado por la mañana, en el bar de debajo de casa, cuando Carlos anuncia que su novia se viene a vivir con él y que el escenario ideal pasa por que Eva se vaya. Como remate, le sugiere abrirse una cuenta en AdoptaUnTío: la web donde, casualmente, conoció a la sustituta mientras aún compartían piso.
Lo que sigue es una reconstrucción por etapas. Primero la logística: buscar habitación en una ciudad donde los pisos se anuncian como cuadras, resistir la invasión progresiva de cajas y maletas ajenas en el pasillo, y aterrizar por azar —vía una noche de absenta que apenas recuerda— en el piso de Danii, un compañero nuevo con opiniones firmes sobre las divas de segunda fila y sobre lo que Eva debería estar haciendo con su vida. Después, el desmontaje emocional: Danii y su amiga Mariló le improvisan una intervención con pizarra incluida y le imponen un plan por fases —desintoxicarse del ex, renovarse, y adoptar un tío, o dos, o los que hagan falta.
El perfil online abre la puerta a un desfile de pretendientes que la novela recorre con espíritu de muestrario y ojo entomológico: el chico encantador que se presenta con tuppers de su madre, el que se levanta a mitad de cena para ir a ver a otra, el vegetariano, el tatuado, el gótico, el dj, cada uno con su propio manual de instrucciones no escrito. Entre cita y cita, la narradora va anotando lo aprendido en forma de consejos prácticos —qué hacer, qué no hacer— que funcionan como respiro cómico y como pequeño tratado de supervivencia sentimental.
Pero el catálogo no es el asunto de fondo. Bajo el desfile de candidatos hay una historia sobre desprenderse: de una relación que se volvió rutina para ambos, del miedo a que la vida se ponga patas arriba, de la costumbre de esperar a que otro decida. Eva aprende a habitar su cuerpo sin disculparse, a elegir en lugar de dejarse elegir, y a distinguir el afecto real de la dependencia que lo imita.
Eva Nova firma una comedia contemporánea de voz reconocible: coloquial, veloz, hecha de listas, notas mentales y referencias de cultura pop, con Barcelona —el Eixample, el Raval, la noche que no termina donde uno cree— como escenario constante. Una lectura ligera en el tono y precisa en el diagnóstico sobre cómo se rehace una vida cuando alguien te obliga, por fin, a empezar.