Una venganza largamente planeada se consuma en una casa de las afueras: un hombre encapuchado ejecuta a un veterano detective mientras evoca el mito de Tombstone y a un padre perdido en el desierto.
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Una venganza largamente planeada se consuma en una casa de las afueras: un hombre encapuchado ejecuta a un veterano detective mientras evoca el mito de Tombstone y a un padre perdido en el desierto. El relato salta después varias décadas atrás, a la travesía de una adolescente embarazada y una gitana húngara que cruzan a pie el desierto de Sonora hacia Arizona, guiadas por el tarot y perseguidas por deudas y desapariciones ligadas al narcotráfico fronterizo.
La novela abre con la ejecución fríamente calculada de un detective retirado en su propia vivienda: un intruso entrenado, que se presenta a sí mismo como heredero de una venganza familiar, aguarda la rutina nocturna del oficial para dispararle un único tiro. Antes de huir, el asesino se detiene ante una vieja fotografía de la calle Allen, en el Tombstone de 1883, y le reprocha al cadáver los crímenes cometidos años atrás contra su padre, mezclando corrupción policial y narcotráfico en la frontera. La escena, tensa y casi ritual, fija el tono de un ajuste de cuentas que se extiende más allá de la muerte de un solo hombre.
La segunda parte retrocede varias décadas y cambia por completo de registro. Adriana, una adolescente mexicana embarazada, y Mariana, una gitana húngara dedicada a la cartomancia, emprenden a pie el cruce del desierto de Sonora desde Nogales hacia Tucson y Phoenix, huyendo del rechazo familiar y en busca del clan errante de Mariana. Entre lecturas de tarot, presagios sobre el hijo que está por nacer —al que ya han bautizado Remy— y el recuerdo de figuras legendarias del viejo Oeste, el viaje se cruza con Benigno, un supuesto “apache” que en realidad oculta tratos peligrosos con traficantes de la zona. Su repentina desaparición, y la visita amenazante de una pareja que reclama una deuda de mercancía, siembran la sospecha de que el desierto —descrito una y otra vez como una bestia que “se empaca” a los incautos— ya ha cobrado una nueva víctima.
A través de estos dos tiempos entrelazados, la obra construye una saga de frontera donde la violencia hereditaria, la superstición y la mitología del Oeste americano —encarnada en el pueblo de Tombstone y en la sombra de figuras como Wyatt Earp— determinan el destino de una familia antes incluso de que uno de sus miembros nazca.