«Acción evasiva», de David Reche Espada, reúne un conjunto de relatos breves que exploran las mil formas en que huimos —o creemos huir— del amor, la ruptura y la rutina, alternando el tono íntimo y melancólico con destellos de humor…
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«Acción evasiva», de David Reche Espada, reúne un conjunto de relatos breves que exploran las mil formas en que huimos —o creemos huir— del amor, la ruptura y la rutina, alternando el tono íntimo y melancólico con destellos de humor absurdo.
«Acción evasiva» es una colección de relatos cortos que gira, desde ángulos muy distintos, alrededor de una misma idea: la vida como una sucesión de huidas, pequeñas o grandes, hacia delante o hacia dentro. El libro abre con historias de pareja narradas en clave cotidiana y agridulce —una promesa de «para siempre» pronunciada frente a una paella, un examen de matemáticas que se convierte en fuga imaginaria hacia otra época, un instante de deseo que se repite en bucle— para ir derivando hacia textos sobre despedidas, desahucios sentimentales y la extrañeza de seguir queriendo a alguien que ya no está. Entre esos relatos destaca la historia de un romance con una mujer mexicana narrado a través de canciones, tequila y ciudades que prometen ser el comienzo de algo permanente y terminan siendo, como advierte el propio narrador, solo dos estaciones de metro. El tono cambia de nuevo en piezas como la que da título al libro, donde un hombre recién separado se refugia en una cala junto al mar y en una relación de tres que funciona como anestesia temporal frente al vacío de la ruptura, o en el relato de un disparo que resulta ser el cierre literal de una amenaza escrita. El volumen se completa con estampas de humor más desbocado y surrealista, como la visita a un ministerio madrileño convertido en un delirio burocrático de naipes, sillas de ruedas y proyectos de carretera imposibles, que funciona como contrapunto cómico a la melancolía del resto de los textos. En conjunto, «Acción evasiva» retrata el amor y sus finales como un territorio en el que la memoria, la costumbre y la fantasía se entrelazan para ayudarnos a sobrellevar —o a posponer— aquello de lo que en realidad no podemos escapar.