Lucía, administrativa de banca en Madrid, pierde su empleo a los treinta y uno y acepta la propuesta de su mejor amiga: trabajar en un club nocturno exclusivo.
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Lucía, administrativa de banca en Madrid, pierde su empleo a los treinta y uno y acepta la propuesta de su mejor amiga: trabajar en un club nocturno exclusivo. Lo que empieza como un cambio de rumbo se convierte en un descenso hacia un mundo de dinero, deseo y poder que irá redefiniendo quién es.
El día que cumple treinta y uno, Lucía Vergara despierta en su pequeño apartamento del centro de Madrid con una pesadilla repetida quince años después y con la certeza incómoda de que su vida se ha detenido. Tres días antes, el banco donde entregó once años de su juventud la ha despedido. Frente al café de siempre, su amiga Sandra le repite una oferta que hasta entonces había esquivado: hay una plaza en el Luna Llena, un club discreto de la calle Serrano donde el dinero llega rápido y las reglas se escriben en voz baja.
La novela sigue a Lucía en ese primer umbral —la visita al local, el recorrido guiado por su dueño, el contrato con sus cláusulas de confidencialidad, las salas que insinúan mucho más de lo que el papel promete— y en todo lo que viene después. Detrás de la madera de teca y las lámparas de araña se mueve una clientela de ejecutivos, empresarios, banqueros y políticos, y con ella un circuito de acuerdos privados donde el sexo, las drogas y la corrupción dejan de ser noticia ajena para volverse rutina.
El relato alterna el presente con la memoria adolescente de Lucía: un primer amor en un parque, un sueño perturbador la víspera de su decimosexto cumpleaños, y el lento apagarse de una chispa que ahora intenta recuperar. Cortarse el pelo, comprarse un vestido rojo, aceptar que la miren: cada gesto es a la vez emancipación y renuncia. En su camino aparecerá alguien que le abrirá la puerta a un mundo que jamás imaginó pisar, y la transformación —la que ella eligió y la que no— avanzará sin pedirle permiso.
Escrita con un realismo directo y sin adornos, la obra plantea una pregunta sostenida: hasta dónde es capaz de llegar una persona cuando todo se complica, y cuánto de esa deriva es decisión propia y cuánto es la forma que tiene una sociedad de moldear a quienes viven en ella. Al cerrar el libro, la frontera entre la ficción y lo que ocurre a la vuelta de la esquina resulta más delgada de lo que el lector querría.