En un AVE que cubre la ruta entre Sevilla y Madrid viaja el inspector César Solís, un policía brillante y de trato imposible al que su comisaría ha dejado marchar con alivio.
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En un AVE que cubre la ruta entre Sevilla y Madrid viaja el inspector César Solís, un policía brillante y de trato imposible al que su comisaría ha dejado marchar con alivio. En el andén de Atocha lo esperan un viejo amigo convertido en su superior, una madre que ha ido a recoger a sus tres hijos y un hombre recién salido de prisión que se mueve por la estación con una identidad nueva y una cuenta pendiente. A través del pasado, de Lola Montalvo Carcelén, arranca con tres vidas que se rozan sin reconocerse y con la certeza de que ninguna volverá a ser la misma.
Todo empieza con un trayecto de poco menos de tres horas. El inspector César Solís deja Sevilla en un vagón de clase turista, atrapado entre el griterío de unos niños, la incomodidad de un asiento demasiado pequeño para su estatura y el peso de un mes que le ha desordenado la vida: la muerte de su padre, la lectura de un testamento, una separación reciente y tres noches de alcohol que apenas recuerda. Su traslado a la UDYCO de Madrid no lo pidió él; llegó como una oferta que era también una salida elegante para un hombre al que sus compañeros toleraban a duras penas. Le eligieron por su facilidad para los idiomas y por su formación en mafias y delincuencia internacional; lo dejaron ir por todo lo demás.
Mientras el tren avanza, en Madrid Manuela corre para alcanzar un autobús que la lleve a Atocha. Va a recoger a sus tres hijos, que vuelven de unos días en un pueblo del Pirineo con la única familia que les queda. Ha organizado la tarde entera en la cabeza —el baño, la cena ya preparada, una llamada a las ocho, una película prestada— con la meticulosidad de quien ha aprendido a sostener sola una casa y un negocio. Es una mujer que ha empezado a dar alas a sus hijos y que aún no sabe cuánto va a costarle.
En esa misma estación espera un tercer hombre. Ha salido de la cárcel de Morón después de más de seis años y ha llegado a Madrid siguiendo un guion escrito por otros: una llave colocada entre sus pertenencias, una taquilla de consigna, dinero, documentación falsa y un teléfono que debe sonar a las seis en punto. Quienes lo sacaron no lo hicieron por generosidad, sino porque lo necesitan; él lo sabe y acepta el trato. Antes de desaparecer del país, sin embargo, tiene algo que hacer. Nadie que lo vea esa tarde debería poder recordarlo después.
Los tres coinciden en el vestíbulo sin saberlo: el policía que baja el primero de su vagón, la mujer que cruza un paso de cebra cargada de bolsas con sus hijos detrás, el hombre que se ajusta unas gafas de sol y toma el metro. A partir de ese instante la novela desplegará lo que ese cruce pone en marcha, con el reencuentro entre César y Pablo Abad —compañeros de academia, ahora jefe y subordinado— como eje de un equipo donde la convivencia importa tanto como el olfato.
Lola Montalvo Carcelén construye una novela negra de escenarios cotidianos y reconocibles —andenes, cafeterías de tren, líneas de autobús, calles de Madrid— y de personajes trabajados desde la contradicción: un investigador excelente y socialmente imposible, una madre práctica y luminosa, un profesional del delito que se sabe valioso y que solo teme volver a ser visible. El pasado, aquí, no es telón de fondo: es el motor que empuja a cada uno hacia el otro.