Un joven arrastra desde la infancia sombras que susurran oscuridad, dolor y muerte, y que solo la presencia de su abuelo lograba calmar. Tras la muerte de este, decide negar la existencia de esas presencias para liberarse de ellas, pagando…
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Un joven arrastra desde la infancia sombras que susurran oscuridad, dolor y muerte, y que solo la presencia de su abuelo lograba calmar. Tras la muerte de este, decide negar la existencia de esas presencias para liberarse de ellas, pagando por ello un precio inesperado. La narración da paso después a Nerea, una estudiante que inicia el Grado de Periodismo en una ciudad nueva, donde deberá enfrentarse a la dificultad de hacer amigos, a los códigos no escritos de la vida universitaria y a sus propias heridas de confianza, mientras construye, casi sin quererlo, los primeros vínculos que marcarán su nueva etapa.
La historia se abre con un prólogo íntimo y perturbador: un niño que, desde siempre, ve acercarse a su cama sombras que le hablan de pérdida y muerte, y que solo se disipan cuando su abuelo está cerca. Cuando el abuelo muere, esas presencias regresan con más fuerza que nunca, alimentadas por el duelo, hasta que el protagonista decide combatirlas negándolas noche tras noche. La estrategia funciona, pero el silencio impuesto a las sombras también apaga algo esencial en él: la luz interior que, según sugiere el relato, estaba unida a esa misma sensibilidad. El eco bíblico de dos hermanos divididos desde el vientre materno anticipa un relato construido sobre dualidades: luz y sombra, confianza y traición, pertenencia y soledad.
A partir de ahí, la novela cambia de registro y de voz para seguir a Nerea, una joven que comienza el Grado de Periodismo lejos de su entorno conocido. Nerea llega a un aula donde todos parecen conocerse ya, y opta por la distancia y la observación antes que por la exhibición social que despliegan compañeros como Cornelia. A través de presentaciones incómodas, clases inaugurales de Documentación y Economía, novatadas improvisadas y cigarros compartidos en la cantina de la facultad, el relato construye un friso costumbrista de los primeros días universitarios: las alianzas que se improvisan, las apariencias que se actúan y los pequeños gestos que deciden quién queda dentro y quién fuera de un grupo.
En paralelo, Nerea carga con una forma particular de entender la confianza, herida por decepciones pasadas, que la hace both generosa y recelosa con quienes conoce. Su llegada a casa, donde vive con Merce, una compañera de piso unida a ella por la amistad de sus padres, añade otra capa emocional al relato: el desconcierto y la fragilidad de alguien que, a diferencia de Nerea, no consigue encontrar su lugar entre desconocidos. Entre la ciudad, el tranvía, un casero anciano y una rutina que empieza a tejerse, la novela plantea, con un pulso sensible y observador, cómo se construyen —o se rompen— los lazos de pertenencia cuando todo, alrededor, es nuevo.