Un libro de divulgación astronómica que invita a salir a la calle y mirar hacia arriba. David Galadí-Enríquez parte de fenómenos que cualquiera puede observar a simple vista —el azul del cielo diurno, el titileo de las estrellas, el paso…
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Un libro de divulgación astronómica que invita a salir a la calle y mirar hacia arriba. David Galadí-Enríquez parte de fenómenos que cualquiera puede observar a simple vista —el azul del cielo diurno, el titileo de las estrellas, el paso silencioso de un satélite al anochecer, el tamaño exagerado de la Luna naciente— y los explica con la física actual, sin instrumentos ni requisitos previos. Catorce capítulos independientes que devuelven al lector una forma de conocimiento tan antigua como la humanidad: la observación directa del firmamento.
«A ras de cielo» nace de una paradoja que su autor formula sin rodeos: vivimos la época de los descubrimientos más asombrosos sobre el cosmos y, sin embargo, cada vez se mira menos hacia arriba. Fotografías, vídeos y pantallas se han convertido en sustitutos cómodos de una experiencia que estuvo al alcance de todas las generaciones anteriores. Frente a eso, este libro propone un gesto mínimo y casi olvidado: levantarse del asiento, salir al aire libre y observar el cielo con los medios rudimentarios de nuestros antepasados, pero interpretándolo con lo que la ciencia sabe hoy.
El recorrido se organiza en tres partes. La primera se ocupa de la atmósfera y el espacio cercano: por qué el cielo diurno es azul —y por qué el de Marte resultó ser color salmón, el de Venus color miel y el de Titán, previsiblemente, oscuro y pardo—, cómo y a qué hora pueden verse a ojo desnudo los satélites artificiales, de qué modo el aire actúa como un espejo que deforma las posiciones de los astros, qué son en realidad las estrellas fugaces y por qué las estrellas parecen temblar. La segunda parte se traslada a la Luna y al Sistema Solar: la ilusión que agranda la Luna cuando asoma sobre el horizonte, la mecánica de las fases y sus consecuencias prácticas, su vínculo con las mareas, el oscurecimiento del limbo solar y algunos sistemas gravitatorios que explican por qué ciertos cuerpos muestran siempre la misma cara. La tercera se dedica al cielo estrellado propiamente dicho: leer la hora en las estrellas, entender de dónde viene su color, preguntarse por qué la noche es negra si el universo pudiera ser infinito y, como cierre, reclamar el cielo perdido bajo la contaminación lumínica.
Cada capítulo sigue el mismo método: describir con precisión un detalle observable —a menudo advertido por todos y explicado por casi nadie—, razonar por qué ocurre así y no de otra manera, y mostrar cómo se vería el mismo fenómeno en otras circunstancias o desde otro mundo. Los capítulos son independientes entre sí y no están ordenados por dificultad, de modo que el libro admite la lectura salteada, guiada por la curiosidad del momento. Para quienes quieran ir más lejos, apartados del tipo «Si no te asustan las fórmulas» añaden el tratamiento cuantitativo sin entorpecer el hilo principal; un apéndice sobre el sistema de magnitudes estelares y una bibliografía completan el volumen, ilustrado por el propio autor.
El resultado es un libro de rigor científico y lenguaje llano, prologado por la astrónoma Carme Jordi, que responde a preguntas que casi todo el mundo se ha hecho alguna vez y que rara vez aparecen en los manuales al uso. Su ambición última, sin embargo, no es dar respuestas cerradas, sino contagiar la curiosidad que las originó: que quien lo termine mire el cielo con otros ojos y se formule preguntas nuevas.