Un joven divulgador canario propone un recorrido ameno por el pasado, el presente y el porvenir de lo que comemos. Con humor, ejemplos de la cultura popular y datos verificables, este ensayo explica por qué el modelo agroalimentario actual…
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Un joven divulgador canario propone un recorrido ameno por el pasado, el presente y el porvenir de lo que comemos. Con humor, ejemplos de la cultura popular y datos verificables, este ensayo explica por qué el modelo agroalimentario actual —ineficiente e insostenible— tendrá que reinventarse antes de 2050, y qué alternativas (insectos comestibles, nuevas fuentes marinas, carnes alternativas, digitalización de la cocina) están llamadas a ocupar nuestro plato.
¿A qué sabe el futuro? parte de una pregunta doméstica —qué habrá mañana en la nevera— para desplegar un ensayo divulgativo sobre la transformación que se avecina en el sistema alimentario. Su autor, Pedro Rivero Ramos, escribe desde una posición poco habitual: la de un estudiante de diecinueve años que lleva tiempo investigando y divulgando sobre el sector agroalimentario, y que decide contar lo aprendido sin sacrificar el rigor ni la cercanía.
El libro se organiza como un menú. Primero sitúa al lector: a quién interesa este asunto, por qué le concierne aunque crea lo contrario, y qué contexto histórico y demográfico explica la urgencia. De entrante llega la historia. Mediante un recurso narrativo deliberadamente lúdico —un viaje en el tiempo doce mil años atrás, con guiños a Regreso al futuro y a la cultura del videojuego—, el autor reconstruye cómo se alimentaban los cazadores-recolectores: insectos y frutas como base cotidiana, carne solo en ocasiones excepcionales, y una implicación directa de cada persona en todos los procesos por los que pasaba su comida. De ahí extrae su tesis vertebral: ese modelo ocupó el noventa por ciento de nuestra historia, y los problemas actuales nacen justamente del diez por ciento restante, cuando la carne se volvió cotidiana y delegamos por completo la producción de nuestros alimentos.
El diagnóstico se apoya en cifras concretas: mil trescientos millones de toneladas de comida desperdiciada cada año, novecientos veinticinco millones de personas desnutridas, una población mundial que superará los nueve mil millones en 2050 con mayor esperanza y nivel de vida. Frente al catastrofismo, el autor elige una posición pragmática y optimista: si el modelo actual exigiría planetas que no tenemos, la respuesta no es resignarse sino cambiar qué producimos y cómo lo producimos.
A partir de ahí, el libro recorre las alternativas que considera más sólidas —la entomofagia y sus ventajas nutricionales, las nuevas fuentes de origen marino, las carnes alternativas— y cierra con la irrupción de lo digital en la cocina y en la mesa: alimentos impresos, electrodomésticos conectados, vajilla inteligente, y la entrada de estos temas en las aulas y en el ocio. Completan la obra un prólogo del consultor en salud pública Joaquín Fábregas Leal y un aparato bibliográfico que permite seguir indagando.
Escrito en segunda persona, con capítulos breves y un tono conversacional que no renuncia al detalle técnico, el volumen busca lectores tanto profesionales —nutricionistas, médicos, investigadores, emprendedores, inversores— como curiosos sin formación previa. Su ambición última no es informar, sino movilizar: que quien termine el libro se sienta capaz de replantearse su propia compra y de explicar a otros por qué el plato del futuro no se parecerá al de hoy.
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