Una mañana de verano en Capri, un bote a la deriva frente al faro de Punta Carena aparece con el cuerpo acuchillado de un joven músico callejero. El agente Enrico Rizzi, que reparte su vida entre el uniforme y el huerto familiar, debe…
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Una mañana de verano en Capri, un bote a la deriva frente al faro de Punta Carena aparece con el cuerpo acuchillado de un joven músico callejero. El agente Enrico Rizzi, que reparte su vida entre el uniforme y el huerto familiar, debe investigar un asesinato en una isla que preferiría mirar hacia otro lado: mientras sus superiores piensan en la temporada turística, él y la recién llegada agente Antonia Cirillo empiezan a tirar del único hilo disponible, un tatuaje con dos iniciales entrelazadas y el recuerdo de una mujer que acompañaba a la víctima.
Antes del amanecer, Enrico Rizzi ya está en pie. Recoge melocotones con su padre en el huerto que la familia cultiva sobre el mar, discute con él sobre pesticidas y mariquitas, y aprovecha la última hora libre de la mañana para desbrozar la parte trasera de un cobertizo. Detrás de una puerta comida por la carcoma encuentra un pasado detenido: muebles de mimbre, lámparas de aceite, la cuna con los nombres pintados y, bajo unas telas, el viejo Fiat Cinquecento de sus padres. Aún está tumbado bajo el chasis, calculando qué habría que reparar, cuando un compañero aparece con un mensaje que cancela el resto del día: hay un cadáver.
En Punta Carena, en el extremo sur de la costa occidental de Capri, un bote de remos flota a cincuenta metros de las rocas con un hombre dentro. Tiene poco más de veinte años, varias heridas de arma blanca en el pecho y ningún objeto personal encima: ni documentos, ni llaves, ni equipaje. Falta uno de los remos. Solo un detalle rompe el anonimato: bajo la manga, un tatuaje con dos letras sinuosas y entrelazadas, una «S» y una «J». Quien lo encontró es una turista de Padua que bajaba a nadar a primera hora y que, casi de pasada, aporta el primer dato útil: había visto al muchacho tocando la guitarra en Via Camerelle, acompañado por una mujer joven.
La investigación se libra en dos frentes. Uno es el caso: peinar calas y embarcaderos, averiguar de dónde salió el bote, reconstruir los últimos días de un músico sin permiso, sin nombre y sin papeles. El otro es la isla misma. El inspector Lombardi, que cuenta los meses que le faltan para jubilarse, teme menos al asesino que a los titulares y a las cancelaciones de hotel; el amigo de infancia de Rizzi persigue rumores desde la Piazzetta; los comerciantes calculan la recaudación perdida mientras la comisaría se llena de llamadas de vecinos. Capri, con sus buganvillas, sus miradores y sus limoneros, funciona a la vez como escenario y como resistencia: todo el mundo mira, casi nadie ha visto nada.
Junto a Rizzi trabaja Antonia Cirillo, destinada a la isla hace pocas semanas y decidida a no explicar por qué. Su método es distinto: escucha lo que la gente afirma y, sobre todo, lo que da por supuesto sin haberlo observado, y esa insistencia abre la primera grieta en el relato de la testigo. Cirillo también arrastra algo propio, un derrumbe reciente que asoma en forma de rabia mal contenida y de llantos súbitos frente al mar, y que la obliga a vigilarse tanto como vigila a los demás.
A la caída de la tarde, en la penumbra de una joyería de Via Camerelle, un dependiente que apenas ha empezado su primer verano de trabajo recuerda a la pareja sentada en la calle, la guitarra, la conversación tranquila. Y añade, cuando el cliente se marcha y ya no hay motivo para callarse, un nombre. El mismo que una mujer susurró contra el cristal de un tren, mirando un reflejo que no le respondía.
Novela negra mediterránea de ritmo pausado y observación precisa, esta historia enfrenta el trabajo policial a la maquinaria de una isla que vive de la belleza y necesita que nada la interrumpa. Su fuerza está en los detalles cotidianos —una cosecha al alba, un plato de pasta en una terraza, un coche olvidado durante décadas— y en dos agentes que investigan un crimen mientras cargan con pérdidas que aún no saben nombrar.
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