Memorias en primera persona de Policarpo Díaz, el Potro de Vallecas: campeón de boxeo salido de un barrio madrileño sin ley. Con su voz de calle, sin filtros ni concesiones, repasa una infancia de escasez y peleas, el ascenso al estrellato…
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Memorias en primera persona de Policarpo Díaz, el Potro de Vallecas: campeón de boxeo salido de un barrio madrileño sin ley. Con su voz de calle, sin filtros ni concesiones, repasa una infancia de escasez y peleas, el ascenso al estrellato deportivo, el padrinazgo de Enrique Sarasola, los excesos y titulares que lo persiguieron, y la caída que terminó en la cárcel. Un testimonio crudo sobre gloria, dinero y supervivencia.
Policarpo Díaz Arévalo nació en 1967 en Palomeras Altas, en lo más alto de un Vallecas de casas bajas, chabolas de uralita y familias llegadas del campo huyendo del hambre. Sexto de ocho hermanos, creció con lo justo y con menos cariño todavía: un padre soldador que apenas paraba en casa, una madre que limpiaba oficinas y consultas, hermanos que se criaban entre ellos a golpes. La calle fue su escuela real. Allí aprendió a pelear, a trapichear, a ganarse el respeto entre carteristas, atracadores de bancos y los primeros estragos de la heroína, que se llevó por delante a casi todos sus amigos de entonces.
Este libro es su versión de los hechos, contada en primera persona y con la lengua suelta del barrio, para desmentir lo mucho que se ha dicho de él sin saber. El relato avanza desde ese niño indomable —expulsado mentalmente de la escuela antes de cumplir los diez, peón de albañil a los once, chatarrero, churrero, descargador de sacos de cemento— hasta el joven que descubre que boxear no es lo mismo que pelear, y que sus puños pueden sacarlo del pozo. Llegan el campeonato de España, la fama, un piso a cambio de un cinturón y la figura decisiva de Enrique Sarasola, el padrino que convirtió a un chaval de Palomeras en el chico de oro del boxeo español.
Después vienen los años del vértigo: el dinero fácil, el champán, los amores y los desamores, la prensa y sus titulares, los combates internacionales frente a los amos del negocio, el orgullo intacto de quien nunca fue noqueado sobre un ring. Y luego la cuenta que siempre llega: los excesos, los escándalos, el último KO y unas vacaciones forzosas entre rejas.
Lo que sostiene el conjunto no es la nostalgia del campeón, sino una voz reconocible, áspera y sin autocompasión, capaz de reírse de sí misma mientras describe la miseria. El resultado es a la vez una autobiografía deportiva, un retrato del extrarradio español de los años setenta y ochenta y una crónica de cómo se sube y se cae en el mismo país que primero aplaude y luego mira hacia otro lado.