769 km es la historia real de dos almas que se encuentran a través de internet, separadas por la distancia pero unidas por una búsqueda existencial.
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769 km es la historia real de dos almas que se encuentran a través de internet, separadas por la distancia pero unidas por una búsqueda existencial. Coco, una joven filósofa en Cadaqués, y Julen, un hombre perdido en Madrid, descubren en sus escritos una conexión profunda. Lo que comienza como un casual encuentro en la red se transforma en un intercambio íntimo de mensajes donde ambos revelan sus vulnerabilidades, sus sueños y su sed de un mundo mejor.
En una habitación de diez metros cuadrados en Cadaqués, Coco habita su propia luna. Aquí, rodeada de libros, rosas muertas e incienso, se desenvuelve una joven filósofa en busca de verdad. Desde la adolescencia, cuando se refugió en montañas lejanas durante los años de separación de sus padres, ha encontrado en la escritura su única certeza: la necesidad de escribir sin saber para qué escribir, de existir a través de la palabra.
A cientos de kilómetros, en Madrid, existe otra búsqueda: la de Julen, un gallego que vende seguros por día y sueña con Chauen por la noche. Hostelero de sangre, ha vivido en bares donde se mezclan historias de gánsters, bohemios y soñadores. Su vida es un contraste entre la corbata del ejecutivo y la pijama de franela, entre la ambición corporativa y el rechazo radical a los convencionalismos.
El encuentro ocurre el 9 de noviembre cuando Julen, de manera casual, encuentra el blog de Coco. Queda cautivado: reconoce en sus palabras la misma búsqueda que lo consume. Ella escribe sobre la necesidad, sobre la miel y el acero, sobre el sinsentido que llena. Él responde con honestidad radical, desnudo e indefenso. Ambos admiten, casi simultáneamente, que en sus palabras han encontrado algo real en medio de tanta simulación.
Lo que sigue es un diálogo ardiente de mensajes donde ambos se desvelan. Conversan sobre filosofía, sobre Jodorowsky, sobre la futilidad de los ismos y la verdad de los colores. Julen comparte rincones de Barcelona; Coco imagina su rostro italiano. Entre bromas y ternura, entre tonteos y reflexiones profundas, descubren que quizá no están solos en su deambular.
769 km los separa geográficamente, pero la distancia se desvanece en cada mensaje. En la vulnerabilidad compartida, en la certeza de que ambos apuestan todo a una sola carta: la de cambiar el mundo, la de escribir, la de amar desde la locura consciente.