Nacido de la sección «Pequeñas preguntas» del programa radiofónico «Leonardo: el conocimiento y mucho más», este libro recopila los enigmas cotidianos que los oyentes —niños y adultos— plantean cada semana a la redacción.
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Nacido de la sección «Pequeñas preguntas» del programa radiofónico «Leonardo: el conocimiento y mucho más», este libro recopila los enigmas cotidianos que los oyentes —niños y adultos— plantean cada semana a la redacción. ¿Por qué se nos pega una canción al oído? ¿Con qué sueñan las personas ciegas? ¿Cenar engorda? A partir de estudios científicos y del testimonio de especialistas, cada capítulo desmonta una curiosidad doméstica con rigor y buen humor, y convierte lo que damos por sabido en un pequeño hallazgo.
Hay preguntas que parecen triviales hasta que alguien intenta responderlas en serio. Por qué crujen los nudillos, adónde va a parar un mensaje dentro de una botella, si es posible sudar bajo el agua o por qué las vacas de un prado miran todas hacia el mismo lado: durante años, la sección «Pequeñas preguntas» del programa «Leonardo: el conocimiento y mucho más» ha ido acumulando cerca de un millar de estos enigmas enviados por sus oyentes. Este volumen selecciona los mejores y los convierte en capítulos breves, autónomos y sorprendentemente sustanciosos.
El método es constante y sencillo: se formula la pregunta, se busca a quien de verdad haya investigado el asunto —antropólogos, neurocientíficos, otorrinolaringólogos, nutricionistas, físicos— y se reconstruye la respuesta en un lenguaje que no exige formación previa. Así, la pregunta de por qué los niños de hoy son más altos abre paso a la historia de la alimentación, la sanidad y los límites que fijan los genes; la de con qué sueñan las personas ciegas conduce a un estudio portugués que puso en duda lo que la ciencia daba por seguro; la de por qué una melodía se nos queda enganchada termina en el «cortocircuito» entre las zonas cerebrales que escuchan y las que cantan.
El recorrido es deliberadamente heterogéneo y ese es buena parte de su encanto. Se explica por qué nos castañetean los dientes con el frío y qué hace el hipotálamo mientras tanto; por qué ciertos ruidos —la tiza en la pizarra, el porexpán frotado— erizan el vello como un reflejo heredado de la sabana; por qué las orejas y la nariz parecen agrandarse con los años; qué ocurre en la retina cuando nos levantamos demasiado deprisa y vemos estrellas. Hay espacio también para el desmentido amable de las creencias más arraigadas, como la idea de que cenar tarde engorda por sí solo, y para el cálculo puramente lúdico: cuántos metros de pierna necesitaría una persona de cincuenta kilos para caminar sobre el agua igual que una hidrómetra.
Detrás de cada respuesta asoma, además, una lección sobre cómo se construye el conocimiento. Algunos capítulos se apoyan en mediciones repetidas durante un siglo; otros, en un patólogo que en 1897 miró cartílagos al microscopio; unos pocos reconocen sin rodeos que nadie ha investigado todavía el asunto, y admitirlo resulta tan instructivo como una certeza. El propio prólogo propone un modo de leerlo que reproduce el juego de la emisión en directo: aventurar una hipótesis antes de pasar a la explicación, para comprobar cuántas veces la intuición acierta y cuántas se equivoca por completo.
El resultado es un libro de divulgación pensado para leerse a saltos, en trayectos cortos o en voz alta en familia, donde la curiosidad manda sobre la jerarquía de los temas. No hay preguntas menores: solo asuntos que nadie se había molestado en mirar de cerca.