Publicado en Caaguazú, Paraguay, en octubre de 2017, este ensayo de Orlando Javier Martínez Orué conmemora el quinto centenario de las 95 tesis clavadas en Wittenberg.
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Publicado en Caaguazú, Paraguay, en octubre de 2017, este ensayo de Orlando Javier Martínez Orué conmemora el quinto centenario de las 95 tesis clavadas en Wittenberg. Antes que una biografía de Lutero, propone un recorrido por la idea misma de iglesia: del altar y el tabernáculo del Antiguo Testamento al templo de Jerusalén y a la congregación cristiana primitiva, para llegar a los abusos medievales que, según el autor, hicieron inevitable la protesta de 1517.
El libro se organiza como una línea de tiempo teológica más que como una crónica de acontecimientos. Arranca en las Escrituras hebreas y reconstruye los lugares donde el pueblo buscaba a Dios: el altar levantado por Noé y por los patriarcas, con sus normas de material y de pureza; el tabernáculo del desierto, diseñado hasta en sus colores, medidas y simbología; el templo que David deseó y Salomón construyó. De ahí pasa al Nuevo Testamento y detiene la mirada en la palabra ekklēsia, que nunca nombra un edificio sino a la asamblea reunida, y en los primeros discípulos llamados cristianos en Antioquía, con Esteban, Pedro y Pablo como figuras centrales.
La segunda mitad se ocupa del deterioro institucional. El autor repasa el crecimiento del poder papal en la Edad Media, el traslado de la sede a Aviñón, el cisma que llegó a enfrentar a tres pontífices simultáneos y la mezcla de causas sociales, políticas, económicas y religiosas que fue erosionando la autoridad de Roma: la imprenta, el humanismo, los príncipes alemanes celosos de la riqueza eclesiástica, el clero mal formado y la venta de indulgencias.
Un capítulo extenso reconstruye la vida de John Wycliffe —su formación en Oxford, sus choques con las bulas de Gregorio XI, su defensa de la Escritura como autoridad superior al papa, la traducción de la Biblia al inglés junto a John Purvey, los lolardos y la condena póstuma que llevó a exhumar y quemar sus huesos—, con Jan Hus como el otro precursor directo. Después vienen Lutero y su itinerario: el viaje a Roma, las tesis, la negativa a retractarse, Katharina von Bora y el legado; un inventario crítico de aquello que el autor considera error doctrinal —purgatorio, indulgencias, imágenes, santos, celibato, inquisición, sincretismo—; y una descripción de las ramas surgidas después: luteranos, anglicanos y calvinistas.
El tono es abiertamente confesional. Quien escribe no disimula su posición ni pretende neutralidad histórica, y deja deliberadamente fuera a Calvino y Zuinglio para concentrarse en Lutero como instrumento elegido para una misión. Interesará a lectores evangélicos, a grupos de estudio bíblico y a quien busque una lectura devocional del centenario antes que un tratado académico.
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