Un recorrido devocional por la Biblia, escrito por un sacerdote mexicano durante un año de enfermedad, que propone lecturas breves y diarias para acercarse a Dios paso a paso.
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Un recorrido devocional por la Biblia, escrito por un sacerdote mexicano durante un año de enfermedad, que propone lecturas breves y diarias para acercarse a Dios paso a paso.
Concebido durante un año de convalecencia y dedicado a quienes atraviesan la enfermedad, la limitación o la vejez, este libro nace de una convicción sencilla: el cuerpo puede tener límites, pero el espíritu no tiene por qué tenerlos. Su autor, sacerdote y comunicador mexicano de amplia presencia en radio y televisión, convierte esa experiencia personal en un método de acompañamiento espiritual pensado para gente ocupada.
La propuesta es un itinerario de lecturas breves —una por día, a lo largo de un año— que avanzan como pequeños pasos firmes hacia un destino que al inicio parece lejano. Cada entrada combina una reflexión, una explicación accesible y una idea final para llevarse el resto del día. La estructura evita el tratado académico y apuesta por la constancia: no se trata de leer mucho de golpe, sino de no soltar el hilo.
El contenido funciona como una introducción ordenada a la Sagrada Escritura. El autor la presenta con una imagen afortunada —la bitácora de un barco, donde distintas manos van registrando el viaje— para explicar qué es la Biblia, cómo se formó a lo largo de más de mil años, por qué se divide en Antiguo y Nuevo Testamento, qué géneros literarios contiene y cómo citarla con precisión mediante capítulos, versículos y abreviaturas. Desde ahí abre el trayecto que anuncia: el simbolismo de los primeros capítulos del Génesis, el origen del pueblo judío, el sentido de los diez mandamientos, la travesía del desierto, los héroes y heroínas, la etapa de reyes y profetas, el exilio en Babilonia y el regreso a Jerusalén, los libros sapienciales, los pecados capitales, la relación entre ambos Testamentos y las palabras centrales de Jesucristo.
Entre esos capítulos didácticos se intercalan pasajes de tono más personal y pastoral. El autor recuerda su propia adolescencia, cuando le pareció que ciencia y fe se excluían, y explica por qué acabó concluyendo que cada una responde preguntas distintas: una puede decir cómo se originó una vida, no para qué. Narra también un funeral al que fue llamado como sacerdote y lo usa para contrastar, sin estridencia, las distintas respuestas humanas ante la muerte. Discute qué significa realmente que Dios creara el mundo en siete días, si el paraíso es un lugar del pasado o una invitación abierta, y por qué el mandato de “dominar” la tierra —mal leído durante siglos— ha servido de coartada para destruir el planeta y humillar a las mujeres, cuando el Evangelio lo corrige situando el servicio y la humildad en el centro de toda autoridad.
Escrito en un registro claro y coloquial, sin tecnicismos ni tono solemne, el libro se dirige tanto a quien nunca ha abierto una Biblia como a quien la tiene en el librero sin usar. Su apuesta de fondo es relacional: presenta la fe como una amistad que, como cualquier otra, requiere tiempo, respeto y ritmo propio, y que empieza con la decisión de dedicarle un momento cada día.
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