Éric no cree en nada: ni en la magia, ni en la religión, ni en las casualidades. Vive solo en el ático de un edificio señorial y medio vacío de Barcelona, observando desde arriba las vidas rotas de sus vecinos.
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Éric no cree en nada: ni en la magia, ni en la religión, ni en las casualidades. Vive solo en el ático de un edificio señorial y medio vacío de Barcelona, observando desde arriba las vidas rotas de sus vecinos. Hasta que una corriente helada, un reloj detenido en las 3:04 y una sombra con cuerpo convierten su rutina en una amenaza. Un thriller sobrenatural que empieza en un rellano y termina cuestionando qué es exactamente lo real.
En un barrio elegante de Barcelona sobrevive una isla de bloques grises: promesas inmobiliarias que la crisis dejó a medias, pisos vacíos, vecinos que empujan carritos por la noche. Allí, en un edificio de piedra negra levantado en 1879, sin ascensor y con un sol pagano tallado sobre el reloj del vestíbulo, vive Éric. Ocupa el ático que heredó de un padre al que nunca conoció y al que odia; lo acompañan su gato, la distancia de su hija Aida y una rutina que él mismo resume como una sucesión de saludos falsos.
Éric es ateo, práctico, escéptico por convicción. Por eso lo que ocurre un viernes por la tarde —el aire helado en un cuarto sin ventanas, el despertador clavado en las 3:04 de la madrugada a plena luz del día, el silencio absoluto mientras sus vecinos discuten al otro lado de la puerta— no admite la explicación que él necesitaría para seguir tranquilo. Lo que sucede después, con su gato, le arranca la última duda: algo quiere hablarle, y no lo hace con palabras.
A su alrededor, las piezas empiezan a encajar de forma inquietante. Don Zacarías, el párroco del segundo, delgado como una sombra, con un cuervo suelto por el piso y una mirada que parece leer almas. Sergi, el mejor amigo de Éric, superviviente de un accidente que le devolvió el cuerpo a medias y un recuerdo imposible de contar, que aparece con fotografías de décadas distintas donde siempre asoma el mismo rostro. Marie, libre e indescifrable, capaz de convocar un centenar de mariposas en un parque y de enseñarle a Éric a mirar de otro modo. Y un informe con sello del Vaticano que sugiere que ese hombre lleva media vida siguiéndole los pasos.
Con la melodía del Opus de la Muerte de fondo y las primeras muertes extrañas en el edificio, la novela avanza como un thriller doméstico que se va volviendo metafísico. Su premisa es sencilla e incómoda: la mente nos mantiene ocupados entre el pasado y el futuro para que no veamos el presente, y en ese punto ciego cabe casi todo. Éric tendrá que decidir si sigue negando lo que no encaja o si abre los ojos, sabiendo que iluminar la sombra rara vez sale gratis.