Memorias del economista argentino Jorge Remes Lenicov sobre los poco más de cien días en que, como ministro de Economía del gobierno de Eduardo Duhalde, encabezó la salida de la convertibilidad tras el colapso de diciembre de 2001.
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Memorias del economista argentino Jorge Remes Lenicov sobre los poco más de cien días en que, como ministro de Economía del gobierno de Eduardo Duhalde, encabezó la salida de la convertibilidad tras el colapso de diciembre de 2001. El relato de esa gestión de emergencia se prolonga en un balance de las dos décadas siguientes y en un diagnóstico de fondo: por qué la Argentina democrática no logró convertir la estabilización en desarrollo sostenido.
A fines del 30 de diciembre de 2001, un llamado telefónico interrumpe la noche de un diputado que llevaba tres años estudiando, junto a un equipo de economistas y abogados, cómo desmontar el régimen de convertibilidad sin que el país volara por los aires. Del otro lado de la línea, Eduardo Duhalde le anuncia que será presidente y le ofrece el Ministerio de Economía. A partir de ese momento, y durante los ciento quince días que dan título al libro, Jorge Remes Lenicov relata desde dentro cómo se administró una crisis que no era solo económica: el vacío de poder posterior a la renuncia de Fernando de la Rúa había dejado al país sin una autoridad reconocida dentro ni fuera de sus fronteras.
La primera parte del libro reconstruye ese tramo con la precisión de quien tomó las decisiones y la franqueza de quien admite lo que salió mal. Aparecen el armado del equipo, las primeras noches durmiendo en el último piso del Banco Nación, el acuerdo político sellado con Raúl Alfonsín y Juan Sourrouille que dio cobertura parlamentaria a la Ley de Emergencia Económica, y la trama diaria de negociaciones con sindicatos, empresarios, bancos y gobernadores. También el inventario del desastre heredado: un producto que se había desplomado, reservas fugadas, once cuasimonedas circulando, un sistema financiero descalzado en monedas, el corralito con plazos fijos por vencer, desempleo y pobreza en niveles sin precedentes. Frente a eso, un programa de shock e integral —devaluación con tipo de cambio flotante e intervención, prudencia fiscal, retenciones, desdolarización y desindexación de tarifas, rescate de las cuasimonedas, la decisión de no otorgar seguro de cambio a la deuda privada externa— construido con herramientas convencionales y heterodoxas a la vez.
La segunda parte cambia de escala y de temperatura: es la evaluación de lo que vino después, entre 2003 y 2022. El autor reconoce los años de recuperación y crecimiento, pero rastrea el momento en que empezaron a desarmarse los pilares del esquema de 2002 y en que una nueva crisis comenzó a incubarse, esta vez sin estallido visible, agravándose «en cuotas» hasta desembocar en más de una década de estancamiento, inflación alta y pobreza creciente. La tesis es incómoda para todos los signos políticos: la lección de diciembre de 2001 no fue aprendida.
La tercera parte, la más ensayística, se pregunta por el desencuentro entre la política y la economía a lo largo del ciclo democrático abierto en 1983. Allí se examinan el papel de las dirigencias, la degradación institucional, la fragilidad de los partidos, la ausencia de una visión estratégica de largo plazo, la incapacidad para resolver el conflicto distributivo y el peso de los grupos de interés. El libro no se cierra con un lamento: identifica los principales problemas económicos y sociales del país y propone un esquema integral —consistencia macroeconómica, inversión e innovación, empleo formal, competitividad sistémica, acuerdo político y social amplio— como base para un sendero de crecimiento con equidad. Con prólogo de Bernardo Kosacoff, es a la vez testimonio de gestión en el peor momento posible y hoja de ruta para no repetirlo.
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