Manual práctico de coctelería firmado por Antonio Primiceri con la colaboración de Roberto Savioli, pensado tanto para quien aspira a trabajar detrás de una barra como para quien quiere preparar buenas mezclas en casa.
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Manual práctico de coctelería firmado por Antonio Primiceri con la colaboración de Roberto Savioli, pensado tanto para quien aspira a trabajar detrás de una barra como para quien quiere preparar buenas mezclas en casa. El libro recorre el equipo básico, la cristalería, las bebidas y los ingredientes que conviene tener a mano, las reglas de dosificación y agitado, el acompañamiento salado y una clasificación ordenada de las familias de combinados, desde los históricos codificados por las asociaciones profesionales hasta las tendencias más recientes.
Antes de llegar a las recetas, esta obra se detiene en algo que suele darse por sabido: qué es realmente un cóctel y qué hace falta para prepararlo bien. Primiceri, con la colaboración de Roberto Savioli, plantea la mezcla como un ejercicio de equilibrio entre un destilado que manda el sabor y una serie de modificadores que lo redondean —amargos, dulces, aromáticos, ácidos, refrescantes—, con el hielo como pieza que amalgama y la decoración como último acento. De ahí se desprende una idea que atraviesa el libro: crear combinados no es patrimonio exclusivo del profesional, aunque la técnica sí marque la diferencia entre una mezcla lograda y una desequilibrada.
El primer bloque resuelve la logística. Repasa uno por uno los utensilios del oficio —coctelera y Boston shaker, vaso mezclador, colador, medidor, exprimidor, triturador de hielo, cuchillos para cítricos— con criterios de compra orientados a la funcionalidad, y ofrece alternativas realistas para quien no puede montar una barra fija en casa: un carrito, una mesa auxiliar y la preparación previa en la cocina. Continúa con un catálogo de copas y vasos que asocia cada forma a un tipo de bebida, insistiendo en el cristal incoloro y sin tallar para que el color de la mezcla se aprecie, y en el enfriado previo como paso rutinario.
Sigue el inventario de bodega: una lista extensa de bebidas esenciales y un glosario que explica el origen y la composición de decenas de destilados y licores, del armañac al mezcal, del kirsch a la sambuca. A ello se suman los ingredientes que dan carácter a la mezcla —jarabe de azúcar casero, angostura, granadina, cítricos, especias, hierbas, salsas— con advertencias sobre los que conviene medir en gotas.
El capítulo de reglas condensa la parte más técnica: cómo organizar el puesto de trabajo, por qué medir antes de confiar en el ojo, qué destilados no conviene combinar entre sí, cuántos licores admite una fórmula sin volverse confusa, cuándo usar coctelera y cuándo vaso mezclador, cuánto tiempo agitar según la estación y por qué nunca deben mezclarse bebidas gaseosas en la coctelera. Incluye también el detalle de servicio que delata al aficionado: repartir el líquido en pequeñas cantidades entre todas las copas en lugar de llenarlas de una en una. Un apartado paralelo trata el acompañamiento salado, con la premisa de que la tapa debe abrir el apetito sin competir con el aroma de la bebida.
La última parte ordena el repertorio. Define los tipos de combinados por cantidad, por perfil de sabor y por momento de consumo, y describe las familias clásicas —collins, cobbler, fizz, flip, julep, rickey, sour, pousse-café, zombie y otras— con sus rasgos distintivos. Cierra con el contexto asociativo e histórico del oficio, desde la fundación de las asociaciones italiana y española de barmans hasta la lista de cincuenta combinados codificados que sirvió de referencia a varias generaciones, y con una mirada a las modas que llegan, desaparecen o se instalan para quedarse. Entre medias aparecen las anécdotas de origen que dieron nombre a algunos clásicos, como el hábito de un cliente florentino que terminó bautizando uno de los aperitivos más difundidos del mundo.
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